Espero estar escribiendo esto en vano. Siento que estoy escribiendo esto en vano.
Creo que no tengo miedo. Pero obvio sí. Me gustan los números. Me gustaría que me hubieran dicho un "80%". 90%. Me lo dijeron con palabras. "Excelente expectativa y calidad de vida." "Muy bajas probabilidades de que haya complicaciones". Me gusta pensar que eso es un 90% de probabilidad de éxito. Y ese 90 parece un casi cien.
Pero también dijeron otras palabras. "Crítico". "Urgente". "Hoy, o a más tardar mañana". Pero el miércoles es 25 y "depende de lo que decidan [la mafia de] los jefes de Cirugía Cardiovascular". Los mismos que no querían operar. Así que... ¿qué? ¿cada día que pasa le bajamos un 10% de probabilidad de éxito? ¿20?
¿30?
Lo malo de ser ateo es que no hay a quién echarle la culpa, y tampoco hay a quién pedirle favores. Se me hace absurdo creer en la "Ley de Atracción". Pero ha funcionado antes. No me imagino que las cosas salgan mal. But then again, tampoco me imaginaba que las cosas llegaran a este punto, con esas palabras tan feas. En teoría, era un cateterismo de un día, pam, pum, y ya estás de regreso en casa. Y sin embargo, aquí estamos. Con doctores que dicen cosas como "99% bloqueado", "crítico", "infarto" y "riesgo de fallecer al momento".
Me parece absurdo creer en la "Ley de la Atracción". Pero siento que todo va a salir bien. No me da miedo que se equivoquen los doctores, no me da miedo que mi papá no aguante. Sí me da miedo la maldita burocracia del sistema público. Y que, aunque nos hemos encontrado gente muy atenta y amable y capaz, con uno de la cadena que tenga flojera de trabajar se rompe todo. O se bloquea todo. Como el tronco principal de una arteria coronaria. O arteria comosellame.
¿Me da miedo que se muriera mi papá? Pues sí. Siento que no será mañana. Pero me da miedo que fuera mañana. Me da miedo que las cosas no salgan como planeamos. Que, así como nos trajeron malas noticias del cateterismo, que era algo sencillo y rápido, nos traigan malas noticias de la operación. Y me da aún más miedo porque no siento que vaya a ser así. Porque no estoy preparado para que nos den malas noticias mañana.
¿Estoy preparado para el día en que se muera mi papá? Porque algún día se va a morir. No creo que nadie lo esté. Soy muy autoconsciente, anti-auto-empático, como si pudiera salirme de mí mismo. Sé que eso pasará algún día. Y también sé que mi mente me va a jugar juegos. Primero lo voy a negar. Negociar... no me acuerdo de las dos que siguen. Me da miedo la parte de negación. Como la que tuve cuando nos empezaron a decir "crítico", "99% bloqueado", "riesgo de fallecer". No. No. Nonononononono...
Y me da más miedo que eso fuera mañana. Porque esas fechas no se olvidan. Y sé que cuando se cruzan las fechas con fechas importantes, se mancha para toda la vida. Quisiera pedirme a mí mismo que prometa que, si las cosas salen mal mañana, no culpe a la Navidad. Al contrario, que la celebre con alegría los años posteriores, que celebre su vida y todo lo que nos dio, cuando continúe mi vida. Quisiera pedírmelo ahora, pero es muy fácil y cómodo desde un escritorio cuando todavía nada ha salido mal. Cuando vivo en el universo en el que nada sale mal.
Porque en mi mente, en este universo, todo sale bien. Espero estar escribiendo esto en vano.
Good Omen
Gracias, me diste muchas horas de diversión. Es cierto, casi siempre fue el mismo juego, pero me diste muchas emociones e ilusiones. También me acompañaste un par de veces a la oficina, a casas de amigos, incluso alguna vez a la playa. Siempre funcionando, siempre dando el 100, y nunca te limitaste. Siempre como nueva, siempre compitiéndole al tú por tú a las grandes desktops nuevas de mis amigos. Siempre burlándote de que los modelos más nuevos de la misma marca fallaban a la primera.

Overwatch, Left 4 Dead 2, Overcooked, Keep Talking and Nobody Explodes, Jackbox Party, GTAV, The Forest, WWZ. Edición de audio, video, y mucho más Overwatch.

Incluso en estas últimas semanas, cuando todo mundo decía que no podrías hacerlo, me llevaste al mundo de la Realidad Virtual, dándolo todo sin miedo. No te saqué a pasear mucho, de hecho te tuve mucho tiempo dentro de un closet, pero tú sí que me llevaste a otros mundos. Te estaré por siempre agradecido por estos dos años y medio de diversión. Porque, a pesar de tu tamaño físico, nunca te hiciste chiquita, nunca te acobardaste, y nunca escuchaste a los que decían "no puede hacerlo, no tiene suficiente potencia."


Hoy, te llevo con un amigo, para que te quedes con él. Para que aproveche tu movilidad. Para no gastarte de más. A veces sentía que te exigía demasiado, que te podías lastimar. Te dejo con él, sabiendo que te tratará bien, pero siempre te recordaré con cariño, mi laptopcita valiente. Gracias.
Sólo una noche o dos
Hola. Confieso que desde que te vi a lo lejos, sonreí. Espero que te acuerdes de mí. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero yo no te he olvidado. Sí, lo sé, sé que prometí visitarte más seguido. Lo siento.
Sé que no te gusta que mis visitas sean tan solo por una noche o dos. Pero sabes que no puedo quedarme. Sabes que lo nuestro está en el pasado. Tal vez, si el universo conspira, tal vez de nuevo estemos juntos algún día en el futuro. No lo sé. Lo cierto es que ahora estoy con otra, y no me puedo quedar.
Aunque ya no esté contigo, nunca te olvidaré. Imposible borrar tantos buenos momentos. Cines, cafés, restaurantes, bares, karaokes, y hasta cuartos de hotel. Es increíble cómo todo eso en algún momento fue lo nuestro, fue todo, fue el presente... Y hoy... Hoy eso parece tan lejano, tan ajeno. Hoy pertenezco a otras calles, a otra casa. Sí, he cambiado; pero estando contigo como que vuelvo a ser el de antes, como que recupero un poquito de ese antiguo yo. Contigo crecí, en ti aprendí tanto, virtudes y vicios. Siempre serás parte importantísima de lo que soy hoy yo.
Pero tú también has cambiado. Más de lo que crees. Cambiaste tu color, cambiaste tus modos. Distintos cafés, distintos restaurantes, distintos bares. Supongo que distintos antros y hoteles.
Hasta cambiaste de nombre. Me disculparás que te siga llamando por tu nombre anterior; no me acostumbro al nuevo. Tu nuevo nombre me parece vacío, sin chiste. Cuatro tristes letras producto de la mercadotecnia con olor a política. Le falta el caché, el porte, lo ominoso de aquel nombre con el que te conocí, y al que me acostumbré a llamarte; el que tenías cuando te dejé. Ese nombre que sabe a mezcla de grandes edificios demarcando avenidas que conectan a colonias pobres. México, Distrito Federal.
Y a pesar de todo lo que has cambiado, sigues teniendo tantas cosas que siempre llevo en el subconsciente y que no recordaba que extrañaba. Segundos pisos bordeados de tinacos blancos y negros, antenas grises, rojas y azules. Gigantes rascacielos detrás de un mar de barrios desquebrajados, tianguis cubiertos con lonas de colores. La subida de Rómulo O'Farril que a mi vochito le costaba tanto trabajo subir. Hay tamales oaxaqueños; algo de fierro viejo que vendan. Tantas cosas que mi día a día olvidó, pero mi subconsciente nunca deja de recordar.
Sé que no te gusta que sólo me quede un par de noches, pero ahora tengo que irme.
Sé que no te gusta que mis visitas sean tan solo por una noche o dos. Pero sabes que no puedo quedarme. Sabes que lo nuestro está en el pasado. Tal vez, si el universo conspira, tal vez de nuevo estemos juntos algún día en el futuro. No lo sé. Lo cierto es que ahora estoy con otra, y no me puedo quedar.
Aunque ya no esté contigo, nunca te olvidaré. Imposible borrar tantos buenos momentos. Cines, cafés, restaurantes, bares, karaokes, y hasta cuartos de hotel. Es increíble cómo todo eso en algún momento fue lo nuestro, fue todo, fue el presente... Y hoy... Hoy eso parece tan lejano, tan ajeno. Hoy pertenezco a otras calles, a otra casa. Sí, he cambiado; pero estando contigo como que vuelvo a ser el de antes, como que recupero un poquito de ese antiguo yo. Contigo crecí, en ti aprendí tanto, virtudes y vicios. Siempre serás parte importantísima de lo que soy hoy yo.
Pero tú también has cambiado. Más de lo que crees. Cambiaste tu color, cambiaste tus modos. Distintos cafés, distintos restaurantes, distintos bares. Supongo que distintos antros y hoteles.
Hasta cambiaste de nombre. Me disculparás que te siga llamando por tu nombre anterior; no me acostumbro al nuevo. Tu nuevo nombre me parece vacío, sin chiste. Cuatro tristes letras producto de la mercadotecnia con olor a política. Le falta el caché, el porte, lo ominoso de aquel nombre con el que te conocí, y al que me acostumbré a llamarte; el que tenías cuando te dejé. Ese nombre que sabe a mezcla de grandes edificios demarcando avenidas que conectan a colonias pobres. México, Distrito Federal.
Y a pesar de todo lo que has cambiado, sigues teniendo tantas cosas que siempre llevo en el subconsciente y que no recordaba que extrañaba. Segundos pisos bordeados de tinacos blancos y negros, antenas grises, rojas y azules. Gigantes rascacielos detrás de un mar de barrios desquebrajados, tianguis cubiertos con lonas de colores. La subida de Rómulo O'Farril que a mi vochito le costaba tanto trabajo subir. Hay tamales oaxaqueños; algo de fierro viejo que vendan. Tantas cosas que mi día a día olvidó, pero mi subconsciente nunca deja de recordar.
Sé que no te gusta que sólo me quede un par de noches, pero ahora tengo que irme.
No me gusta secarme las lágrimas
La última vez que lo vi, me despedí de él con un fuerte abrazo. Estábamos en los Bisquets Obregón. Últimamente mi tiempo en la Ciudad suele ser limitado, últimamente no alcanzo a ver a todos en cada viaje. Pero siempre buscaba verlo a él, con el fácil pretexto de ver a mis primos.
Cada quien recordará algo diferente de él. Yo lo recordaré lleno de alegría, creatividad, y amor por su familia. Recordaré que siempre hacía el enorme esfuerzo por manejar desde Las Águilas hasta la Del Valle para pasar por mí, y otra vez hasta Las Águilas, para poder estar con ellos en su casa. Recuerdo el Jetta, y luego el Platina. Universal Estéreo en la radio, y todo el camino intentando contagiarnos su gusto por Jethro Tull.
Llegábamos a su casa, y ahora ponía música celta o música clásica. Siempre jovial, siempre bromeando. Siempre entusiasmado por mostrarme sus nuevos proyectos, y contento de que pasara tiempo con mis primos. Recordaré siempre la hospitalidad con la que me daba asilo en su casa para pasar la noche, o de nuevo su incansable cariño para llevarme de nuevo hasta mi casa si era necesario. Recordaré siempre su voz llamándome con el apodo que desde niño me dieron mis tíos; recordaré sus abrazos, recordaré su sonrisa.
Media hora no es ni el 0.0001% del tiempo que había vivido hasta entonces. Media hora no debería tener gran importancia. A menos, claro, que esa media hora fuera la última.
Todos le lloramos. Unos más que otros, supongo. Sé que yo le lloré mucho. Más de lo que esperaba. Bueno, no esperaba llorar ese día, porque nadie esperábamos llorar ese día. Una semana después, todavía a ratos me acuerdo que no lo volveré a ver, y se me apachurra poquito el corazón, y mi cara reacciona frunciendo un gesto que exprime unas cuantas lágrimas más.
Cuando alguien se nos adelanta, es costumbre reunirnos a llorarle todos juntos. Con caja de pañuelos en la mano para secarse las lágrimas. Pero, por más que me acercaban el pañuelo, no me gusta secarme las lágrimas. No me da pena, a eso vine. Son lágrimas, sí, con cubierta de tristeza, pero con relleno de cariño. Lágrimas de cariño y felicidad por todo lo que nos dio; lágrimas de solidaridad con mis primos y mi tía, quien han de tener sentimientos que yo no podría comprender; lágrimas de nostalgia por todas las pláticas que nos faltó tener.
Te despedimos con muchas flores. Con Elton John y Jethro Tull. Con muchos abrazos entre familiares y amigos. Con muchas lágrimas también. No me gusta secarme las lágrimas. Sería tratar de disimular que te quiero, y que te extraño.
Cada quien recordará algo diferente de él. Yo lo recordaré lleno de alegría, creatividad, y amor por su familia. Recordaré que siempre hacía el enorme esfuerzo por manejar desde Las Águilas hasta la Del Valle para pasar por mí, y otra vez hasta Las Águilas, para poder estar con ellos en su casa. Recuerdo el Jetta, y luego el Platina. Universal Estéreo en la radio, y todo el camino intentando contagiarnos su gusto por Jethro Tull.
Llegábamos a su casa, y ahora ponía música celta o música clásica. Siempre jovial, siempre bromeando. Siempre entusiasmado por mostrarme sus nuevos proyectos, y contento de que pasara tiempo con mis primos. Recordaré siempre la hospitalidad con la que me daba asilo en su casa para pasar la noche, o de nuevo su incansable cariño para llevarme de nuevo hasta mi casa si era necesario. Recordaré siempre su voz llamándome con el apodo que desde niño me dieron mis tíos; recordaré sus abrazos, recordaré su sonrisa.
Media hora no es ni el 0.0001% del tiempo que había vivido hasta entonces. Media hora no debería tener gran importancia. A menos, claro, que esa media hora fuera la última.
Todos le lloramos. Unos más que otros, supongo. Sé que yo le lloré mucho. Más de lo que esperaba. Bueno, no esperaba llorar ese día, porque nadie esperábamos llorar ese día. Una semana después, todavía a ratos me acuerdo que no lo volveré a ver, y se me apachurra poquito el corazón, y mi cara reacciona frunciendo un gesto que exprime unas cuantas lágrimas más.
Cuando alguien se nos adelanta, es costumbre reunirnos a llorarle todos juntos. Con caja de pañuelos en la mano para secarse las lágrimas. Pero, por más que me acercaban el pañuelo, no me gusta secarme las lágrimas. No me da pena, a eso vine. Son lágrimas, sí, con cubierta de tristeza, pero con relleno de cariño. Lágrimas de cariño y felicidad por todo lo que nos dio; lágrimas de solidaridad con mis primos y mi tía, quien han de tener sentimientos que yo no podría comprender; lágrimas de nostalgia por todas las pláticas que nos faltó tener.
Te despedimos con muchas flores. Con Elton John y Jethro Tull. Con muchos abrazos entre familiares y amigos. Con muchas lágrimas también. No me gusta secarme las lágrimas. Sería tratar de disimular que te quiero, y que te extraño.
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