Anti-GDE en Vancouver

(Publicado originalmente para Extranjeros en Japón)

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En mi proceso para dejar de ser un Extranjero en Japón (y regresar a ser un cualquiera en México), pasé por el Aeropuerto Internacional de Vancouver. Tendría que esperar ahí unas 5 horas. En mi bolsa traía 4 dólares canadienses que de nada me iban a servir a partir de ese momento (y ya no quería comprar más recuerditos porque todas mis maletas, mochilas y bolsas de la chamarra venían a reventar), así que me dirigí al Starbucks.

Probablemente los lectores de este blog hayan leído a Esdras hablar sobre elGrau Deodorant Effect, que yo defino como:

Grau Deodorant Effect.- momento en el cual un japonés, por cualquier razón, le hace fuchi a un extranjero (a lo mejor inconscientemente) y el extranjero se siente discriminado y va a quejarse a su blog o a Twitter.

Lo de ir a acusarlo en el blog o Twitter es importante; si no, no cuenta. Aunque muchas veces puede que sea un acto involuntario, la verdad es que yo creo que es natural (¿ustedes nunca le han hecho el feo a un naco?); todos tenemos cierto grado de racismo por instinto.

En fin, el caso es que, como les decía, estaba yo en el aeropuerto de Vancouver. Como Vancouver es un importante puerto de conexión entre Japón y el continente americano, hay muchos japoneses. Fui al Starbucks; en la caja estaba pagando una muchacha japonesa, y formada detrás de ella dos amigas suyas, que parecían no estar muy decididas en qué tomar. Yo  me formé detrás de ellas, vi qué me alcanzaba a comprar con 4 dólares, y, con mi dinero en la mano, esperé…

La chava que sirve los cafés me vio, y, saltándose a las japonesas, se asomó para preguntarme “¿Qué vas a pedir? Para ir empezando…” Le contesté que un capuchino vainilla frío, e inmediatamente se fue a servirlo para que cuando yo llegara a la caja ya estuviera listo.

Las muchachas japonesas no se dieron cuenta en el momento, pero les resultó extraño que mi café estuviera antes que el de ellas, listo ya desde antes de que pagara.

Moraleja:

· En todos lados hay un poquito de racismo.

· El mundo es injusto, pero a veces puede ser injusto a tu favor.

· El capuchino vainilla frío cuesta unos centavos más que lo que dice el menú, que es el caliente.

Cabe mencionar que por un momento pensé que podría haber sido que la chava pensara que yo estaba guapo, pero no, porque después ya no me volvió a hacer caso a pesar de que me acerqué a darle las gracias.