Me lo encontré en el Carrefour (カルフール) (Tachido mikubo)

Hoy fuimos en bici al Karufuuru. Pero traíamos prisa por regresar las bicis así que no tomé fotos.

Sólo ésta:

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Pero mañana regresaré, para tomarle fotos a las casitas de un callejoncito que está bien padre.

Allá en el Karufuuru me encontré una especie de Mario Party de la vida real:

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No, no lo compré.

No, Adrián, no lo voy a comprar.

No, no te has portado tan bien.

Lo que sí me compré fue esto:

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Un cubo de Rubik decolorado y deforme. O "brillante y excéntrico", se oye con más caché.

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Dudo mucho ser capaz de resolverlo, pero es de colección. Según había leído, sólo lo hay acá.

Y, aunque no me he atrevido a revolverlo (las posiciones arriba mostradas están 'controladas'), aquí les dejo un videito (que hizo alguien más, no yo) pa' que le entiendan mejor:

Es decir, ^ése del video no es el mío mío, pero es igualitito.

También había uno muy "bonito", con los colores tradicionales, pero de 2x2.

Tampoco lo compré.

Los dejo, debo estudiar kanjis, que para eso me pagan.

Sé que la curiosidad los mata

El post anterior originalmente lo edité contando lo que hicimos (o más bien, no hicimos) esa noche en Vancouver, incluyendo una foto... pero el internet en los cuartos no era gratis así que esa información se fue al ciberlimbo virtual.

El día siguiente duró como treinta y tantas horas. Salí de Vancouver a la 1PM. Me dieron las 2PM una y otra y otra vez conforme el avión cruzaba husos horarios tratando de ganarle al sol. Finalmente llegué a Japón a las 3 de la tarde.

Ah, eso sí, mi día empezó en domingo y terminó en lunes, aunque nunca se hizo de noche para mí.

El segundo día nos encontramos en la calle a una señora japonesa--ya la habíamos visto acá en el OSIC-- que está enamorada de México, y nos invitó a pasar a su casa. No todos los días se canta el Himno Nacional Mexicano con una japonesa en su casa.

El día siguiente, después de nuestras clases de historia y cultura, a la tienda de 100 yenes, al centro comercial --pura ropa casi-- y a los konbini (Oxxos). Luego, a jugar billar y convivir con los nuevos amigos. Un par de cervezas, el jet lag y el hecho de que el arroz no es tan bueno para absorber el alcohol, hicieron que decidiera ir a la cama no tan tarde antes de que terminara rayando toda la mesa de billar con el taco. O algo peor.

Hoy, conocimos el pasado de Osaka en su museo dentro del castillo, y luego su presente en el acuario y en las iluminadas calles de Dotombori, llenas de luces neón y pantallas gigantes y letreros de カラオケ y jóvenes extravagantes formando ríos de ojos alargados. Ahí fue cuando ya me cayó el veinte. ¡ESTOY EN JAPÓN!

Mañana, clase de sistema político, ir al Den Den Town a comprar una buena cámara, y en la noche al karaoke. Quesque dicen Biomara y Miguel Ángel que también les gusta cantar...

En fin, he querido escribir algo padre sobre eso cada día, pero termino muerto y hay que levantarse temprano al día siguiente.

Así que, si quieren enterarse, vayan a ver mis fotos. Están todas las que ha visto mi cámara, sin filtrar*, actualizadas cada día, y faltan las de los demás.

*No se asusten si ven algo comprometedor. Yo no fui. Me obligaron. Fue el sake. Ah, porque aquí TODO se te perdona si estabas borracho. O sea, a ningún japonés le preocupó que el ministro de noséqué estuviera borracho en la tele. Es la bebida de los dioses.