Mostrando entradas con la etiqueta No lloro porque si no después qué meo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta No lloro porque si no después qué meo. Mostrar todas las entradas

Época de nostalgia...



Época de recordar que hace un año yo estaba allá,
pero ya estaba solo, nostálgico.




Época de escoger fotos para decorar.
De organizar una que otra foto que quedó fuera de lugar.
Y alguna que otra que había sido olvidada.
Época de recordar.

Época de contar los días para que los de este año regresen.
Aunque no los conozca,
pero como si yo regresara por segunda vez.
Época de darme cuenta de que ocho meses en 2009 fueron mucho más largos
que los mismos ocho de 2010.
Que aprendí más.
Que conocí más,
aunque quizás no abracé tanto.

Época de ver fotos de los que ya regresan,
de reconocer algunos lugares,
y ver que otros cambiaron y nunca volverán a ser iguales.

De darme cuenta de que no sé cuándo acepté que ya fue "hace mucho".
Época de querer describir un día cualquiera aquí, un día cualquiera allá,
y los detalles se esconden
y cuesta trabajo encontrarlos.
Y no lo escribo,
y se queda en borrador en la tercera línea.


Época de repasar uno a uno los fines de semana con Bio en Tokyo,
en Yokohama,
en Nagoya,
en Hiroshima y otra vez en Tokyo.
Las largas noches en autobús con paradas al baño cada dos horas.
Las madrugadas abandonado en una banqueta cerca de la estación,
demasiado temprano para encontrarla despierta.

Dos horas de regreso en shinkansen,
jugando Zelda en el Nintendo DS.



Es época de cenar en el Okuma.
Y pedir un gohan sencillo,
sólo para recordar.

No sabe igual.




Época de adivinar de dónde son las fotos de Felipe.
De ponerme al corriente escuchando las grabaciones pasadas de Mexicanos En Japón.
De acordarme de cuando no los escuchaba grabados de varias semanas atrás,
sino que chateaba con ellos,
en el mismo huso horario.
Época de, de alguna extraña manera, extrañar esos chats con Manuel, con Felipe,
con Rigo, con Esdras y el tocayo,
cuando, como hoy, me aburría en el trabajo.

Lentos chats en Twitter que me hacían sentir menos solo,
en esa época en que estaba yo allá,
pero ya estaba solo, nostálgico.



Época de querer retomar el blog,
y darme cuenta de que siguen habiendo más escritos el año pasado que éste,
y darme cuenta de que últimamente,
--como cuando aprendí a escribir, hace unos ocho años--
con la nostalgia me es más fácil que con la alegría.

Y darme cuenta de que últimamente no he escrito tanto,
así que las cosas, a final de cuentas,
no andan nada mal.

Sayonara – parte 2 (de 2)

DSC00406A pesar de lo que esperábamos, no hice grandes amigos en el JICA Tsukuba. Álvaro (PGY), Javier (ARG), Adrián (NIC), Matías (URU) y desde luego Juan me caían muy bien, sin embargo la verdad es que fuera del comedor no me juntaba mucho con ellos. Más gente iba y venía, iba y venía.

imageToda mi vida había dicho que mi mayor miedo en la vida era quedarme solo. Curiosamente, las últimas semanas en el JICA Tsukuba me volví muy solitario, muy retraído. En especial desde que se fueron Álvaro y Javier. Por esas fechas llegaron muchos más latinos. Llegaban y se iban. La verdad yo les perdí la cuenta, no los ubicaba. Yo iba a cenar y me sentaba en una mesa solo, comía rápido, y de regreso al cuarto. Curiosamente, me sentía más cerca de los #MexInvJpn en Twitter y en los blogs, que de la gente que llegaba a JICA. Tal vez tenía que ver con distintas maneras de ser, diferentes temas de conversación… no sé. Pero creo que eso de volverme retraído no me hizo mucho bien.

DSC00624Se me quitaron las ganas de viajar; ya no estaba mi compañera habitual y no me hallaba con nadie, y preferí ahorrar un poco de dinero para la supervivencia tras el regreso. Tooodo el tiempo resonaba en mi cabeza la canción Navegante de Fernando Delgadillo, por eso de que antes soñaba que iría a muchos lados, pero solo no dan ganas de viajar. Y esos acordes menores del piano y cello acompañaban muy bien a la nostalgia.

La nostalgia de que se acababa el sueño, la nostalgia de a veces no querer volver (¿Por qué no, mejor todos mis amigos y familiares se vienen para acá?). La nostalgia de sentirme solo y ya querer volver, ver a mis amigos, querer salir de la rutina de JICA, de estar harto del curso, de que el sensei me diera el avión cada vez que le decía “ya acabé… ¿qué más hago?”. En ese sentido, en el sentido académico, sí, el sueño superaba por mucho a lo que obtuve. Y eso, eso también da nostalgia. No nostalgia de Japón, sino nostalgia del sueño que tenía.

Y de todo lo que hice para conseguirlo.

DSC01154Hace pocos días tuve oportunidad –por fin— de ver la película UP, de Pixar (o, como dirían aquí, La casa voladora del viejo Carl). Me encantó. No se las voy a contar, pero uno de los temas principales que maneja la película es los sueños; qué pasa cuando no se cumplen, que pasa cuando sí se cumplen. Qué pasa cuando llevas toda tu vida soñándolo, y cuando por fin lo cumples parece más sencillo de lo que soñabas (¿es por eso menos maravilloso?).

Es difícil empezar un nuevo sueño cuando acabas de cumplir uno, pero no hay de otra. Como me dijo una vez Pablo Merino, “Lo que te hizo ser lo que eres hoy, probablemente es lo que no te está dejando seguir creciendo.”

Otra cosa interesante que me cayó el veinte, ya en el avión de regreso, es que a veces no nos damos cuenta de que el proceso para cumplir una meta puede ser tan disfrutable como el sueño en sí, y muy productivo.

 DSC00560

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de todas las cosas que logré hacer por tener en mi mente la idea de venir a Japón en 2009. Renuncié sin dudarlo a un trabajo en una gran empresa justo cuando más empezaba a tener reconocimiento de mis superiores, y estaba cerca de subir a un puesto importante. Hice una maestría (me pagué una maestría), aguantando algunas clases que no me gustaban, teniendo que ir a clase después del trabajo y hacer tareas en las noches y fines de semana. Logré terminar mi tesis a pesar de que al principio no tuve mucho apoyo de mi asesor, y hubo varios momentos en que sentía que ya no podía más (porque mi cabeza no daba para más), y la iba a abandonar. Durante más de dos años estudié con muchas ganas un idioma que no es nada fácil, que no cualquiera lo intenta (aunque debo admitir que esto del idioma fue muuy disfrutable y divertido:) ). Vaya, ¡hasta me despertaba temprano los sábados! Aguanté dos años en un trabajo en el que, si bien estaba muy a gusto, con buen ambiente, y me pagaban muy bien, las neuronas ñoñas de mi cerebro constantemente me reclamaban “¿¿Qué haces aquí?? ¡No estás aprendiendo nada! ¡Este trabajo no es para ti, ya no estás creciendo en capacidades, no estás ganando experiencia!”, y renuncié cuando más acoplado y cómodo estaba…. Todo eso lo hice por una única razón. Venir a vivir a Japón en 2009.

DSC00411

¿Qué sigue ahora? Pues ponerse más metas. Concretas. Por lo pronto, quiero regresar a Japón, en 2011, ahora de vacaciones, tres semanas. Sí, tres semanas. Agosto o septiembre me suenan bien. ¿Cómo? Ah, eso se irá viendo en el camino. Desde luego necesitaré dinero y tiempo (y con “tiempo” me refiero a no tener que trabajar esas tres semanas). Sí, no suena fácil, pero tampoco tan difícil. Además, si sólo intentáramos las cosas fáciles, no llegaríamos a ningún lado.

Eso, entre otras cosas.

image

 image

Cuando llegué a Japón, tenía una pequeña herida en el pie, me había lastimado por unos zapatos nuevos demasiado ajustados. Acababa de lastimar a alguien, acto del cual no me siento orgulloso, pero creo que de alguna u otra manera era necesario e inevitable. Sabía un par de cientos de kanjis, y venía con la disposición de aprender varios cientos más. La emoción de todos los lugares que tenía por visitar, y toda la gente nueva que tenía por conocer, los sabores que iba a probar, hicieron que las veintitantas horas de viaje y quince horas de diferencia me hicieran lo que el viento a Juárez.

DSC01540Durante mi estancia pasaron muchas cosas. En Japón, en México y en el mundo; dentro y fuera de mí.

 

 

En mi penúltimo día, Japón me despidió con un triste día nublado y frío. Lo cual fue el pretexto perfecto para no salir de mi cuarto más que para dar la presentación y para despedirme de los compañeros. Y así, Japón se despide con un frío muy similar a aquél que me dio la bienvenida en marzo, y que se sentía tan cálido.

image

Por ahora, me despido de Japón. Este blog existe desde antes de que supiera cómo iba a ir a Japón, así que seguirá existiendo después. Sólo dejarán de aparecer más entradas etiquetadas “desde Japón”, y tendré que ajustar el título de nuevo. A lo que sí probablemente le baje es al Twitter; no tengo planes de estar pegado a la computadora todo el tiempo en estos días, y no tengo twitófono portátil.

Tsukuba ExpressMe despido de Japón. Es un país maravilloso sí, pero gran parte de la experiencia fue gracias a las personas con las que estuve. Definitivamente no hubiera sido lo mismo sin Bio, o sin Juan, o sin Lau, Vane; Álvaro, Javier, Adrián, Raoul, Abraham, Emanuel, Miguel, Eva, Diana, Kary, Nacho, Toño, Toño, Pakito, Paco, Cheché, Caro, Alan, Jesica, Roger, Paty, Ismael. Los otros mexicanos en Japón que, ya con más experiencia acá, me apoyaron muchísimo aunque fuera virtualmente: Felipe, Esdras, Manuel, Rigo, Carlos, Javier, Piroshi, Pelon…

Terminal 2Y también gracias a cada uno de los japoneses que le dieron al país ese toque de calidez inesperada: el staff del OSIC; el señor del combini que nos guió hacia DenDenTown; el vendedor que me vendió mi cámara con un descuentazo (y hablándome en español!); Hayami sensei, Miyamoto sensei y Nishishima sensei; la vendedora de JTB que tuvo toda la paciencia del mundo para vendernos el tour a Niigata; la dueña del hotel en Niigata que nos dio asilo muchas horas antes y muchas después de las pagadas; la señora que nos vio perdidos en Kyoto y ofreció ayuda; la otra que en el tren nos avisó que el otro llegaba más pronto; la asociación de Rotarios que nos hizo una fiesta; la señora que me regaló un sombrerito samurai de papel el día del concierto de piano; Ikeda san, la asistente del AIST, que siempre nos ayudaba muchísimo con cosas de la vida diaria; Okazaki sensei que nos hablaba de salsa cuando esperábamos que nos regañara por atrasos en el proyecto; Ashida san, Ogura san, y Mizuhara san, que siempre impregnaban de buen humor al AIST; Om que compartió la experiencia de ser un extranjero (ya mucho más adaptado); Kitaura san y el resto del staff de recepción de JICA Tsukuba; Miwa chan y todos los del shokudo; Kashiwagi san que cientos de veces firmó mis permisos de salida; Ogura san y la maestra de japonés que estaban al pendiente de las actividades en las que quería participar; todos los que en la calle nos guiaron cuando andábamos perdidos; todos los niños que nos regalaron sus sonrisas… y si me faltó alguien, gomen nasai…

On Time

Regresaré, Japón, regresaré. A conocer Hakone y subirme al Fuji; a pararme de cabeza a contemplar el puente al cielo de Amanohashidate; a contemplar las casitas de Shirakawa-go y las islas empinadas de Matsushima; a disfrutar de Okinawa, a visitar a mis amigos mexicanos en Nagano, Kyushu, Fukuoka, Gifu, Chiba y Tokyo (¿faltó alguno?); a tomar cerveza Sapporo en Sapporo; y a conocer todos los otros rincones que me faltan y que seguro ni imagino su belleza.

Sí, regresaré. Pero antes, tengo que conocer de cerca el Pico de Orizaba, tengo que navegar por el Cañón del Sumidero y subirme a las pirámides de Chichen Itzá, pasear en globo por arriba de Teotihuacán, nadar en Isla Mujeres, subirme al turibús en el DF y conocer todos los otros rincones maravillosos que aún no conozco, y que no he ido simplemente por el hecho de que puedo ir cualquier día.

 

Pero sí, después de todo eso, regresaré. Así que esto no es un sayonara, es sólo un mata ne.

Cena en el avión

Tsukuba Chronicles

Muchos altibajos.

Desde que subí al tren, rumbo a Kyoto, el mismo tren al que ya me había subido muchas veces... desde antes de llegar a Kyoto, ya los extrañaba.

Hace un par de semanas, todavía, cualquier día que quisiera, podía volver al Expo Park a ver las zonas que me faltaron conocer. Cualquier día podía volver al restaurante de carnes, o al de hamburguesas que me recomendaron Abraham y Emanuel. Cualquier día iba a grabar todo lo que hace la tele digital que nos pusieron en el cuarto. En cualquier momento podría en la tarde lanzarme a Osaka a comprar electrónica en Yodobashi. O simplemente bajar al Karaoke y ponerme a cantar con Bio. Cualquier día de estos.

Y hoy, durante el tren, me di cuenta de que ya no. Mi estancia en el OSIC ya es parte de mi pasado. A veces me gusta pensar que pasado, presente y futuro finalmente son parte de mi vida y de alguna manera coexisten, así que siempre será parte de mi vida. Pero la verdad es que nunca me había puesto a pensar que podía usar las palabras "OSIC" y "pasado" en la misma oración.

Nos subimos al Shinkansen. Gran decepción, yo pensaba que era magnético. Que no, que de ésos sólo hay en China y algunos 'de prueba' acá. Pero sí está padre, sí va rápido. Aproveché el tiempo para editar el video del museo de ciencias, que pronto subiré.

Llegamos a Tokyo, ya un poco cansados de cargar tanta maleta. Hasta el señor que nos iba a llevar a Tsukuba se andaba perdiendo entre tanto tren. Ahí fue donde me cayó el veinte de que ya no estoy en Osaka. Ya me había acostumbrado a nombres de estaciones como Takatsuki, Morinomiya, Koenhigashiguchi o Sennichimae. Pero de pronto, esos nombres familiares ya no estaban. ¿"Ueno"? ¿"Tsuchiura"? ¿"Shinagawa"? ¿Qué es eso? ¿Dónde estoy?

Algo más. Quizá fue una primera impresión errónea, quizá estaba cansado, pero me pareció que la gente en Tokyo es bastante menos amable que la gente en Osaka. Bueno, ya lo averiguaremos con el tiempo.

Después de subir las maletas a un camión que hacía paradas con nombres extraños, y caminar 20 minutos atravesando unos condominios en medio de la nada, por fin llegamos al centro de Tsukuba. El señor se despidió diciendo "nos vemos el jueves para que los lleve a hacer su registro de extranjeros" y huyó. Las de recepción nos dieron nuestras llaves y ya. No hubo bienvenida, no hubo sesión de orientación, ni siquiera nos dijeron cómo usar el internet, dónde está el comedor nada. Es más, ni un triste mapa de "aquí estamos, la estación de tren está acá." Nada. (Gracias OSIC por sí hacer todo eso desde el primer día!!) Hasta el jueves.

¿De qué sirve que nos trajeran acá desde hoy (separándonos de todos los demás que pasearán durante la semana de vacaciones), si ni nos van a dar la bienvenida?

Subimos a los cuartos, a un pasillo bastante oscuro con un techo muy bajo.. para llegar a mi cuarto, 526. Ya me había encariñado con el número 432. Pero no, ese número ya no significa nada en el presente. Ahora es 526. Me lo debo aprender, 526.

El OSIC parecía hotel 5 estrellas. Esto parece un hostal. Muy chiquito, muy encerrado, muy oscuro... con solo una ventanita que, eso sí, da a una vista bonita... pero está tan chiquita que ni se puede asomar uno bien. La cama da a una pared blanca vacía. El aire acondicionado está justo junto al escritorio. La lámpara-reloj no podría ser más ochentera. Tengo varias repisas, pero me faltan cajones. No llega luz al closet, a la entrada. Y extrañé a Bio y a todos. Empecé a pelear con el internet porque mi compu no conectaba.

Extraño al  MYCAL. Extraño al JICAbus cada hora, el JICAbus arrancando en punto mientras corríamos en un inútil intento por alcanzarlo. Extraño mi balcón, mi vista al techo del comedor. El comedor lleno de ventanas, iluminado. El amanecer entrando a todo mi cuarto puntualmente a las 6:31 cada mañana. El despertador que nunca oí, el radio, la tele en la que podía jugar al niño recogeflanes, la máquina de helados afuera del comedor, el salón de billar y la máquina de cervezas. El karaoke ruum. Los patos del lago. El Manekiya, el monigote feo del Expo Park, el monoriel pasando por la ventana de mi salón de clases de japonés.

Extraño a Bio, a Lau, a Vane, a Emanuel, a Abraham, a Miguel, a Toño, al "Tocayo Gozaimas", a Clau, a Eva, a Diana, a Nacho, a Alan, a Cecy, a Paquito, a Paco, a Kary, a Caro, a Alicia, a Jesica, a Roger, a Luis, a Paty... hasta a Ismael jeje.

Fuimos al konbini a comprar algo para aguantar el hambre. Parece ser que no hay otra cosa cerca. Sólo un konbini llamado "Mini Stop". ¿Dónde quedaron el Lawson y el Family Mart?

De regreso, después de pelear un rato con la compu, luego no entender el nuevo sistema de pago del comedor --que tiene los mismos platillos pero medio insípidos--, y volver a pelear con el internet, bajé al salón de cómputo a mandar mails y desahogarme.

Al ir rumbo al cuarto me interceptaron un nicaragüense y un cubano bastante amigables. Se quedarán aquí también hasta noviembre. Cuando se estaba saliendo del elevador, el nicaragüense dijo que mañana iba a ir a Akihabara. Si no lo alcanzo mañana en la mañana, tendré que pedirle que  me explique cómo llegar. No debe ser difícil.

El centro realmente está padre. Tiene muchas salas, "Music room" con varios teclados, varios jardincitos, muchos aparatos en el gimnasio, y hasta alberca. Enfrente hay un parquecito bonito.

Es sólo que ya me había malacostumbrado al cuartote del OSIC. Y que no estaba preparado para venir tan pronto. Pero pronto me adaptaré.

Sé que añorar lo que quedó en el pasado no es bueno; hay que tratar de hacerlo mejor en el futuro, conocer todo lo nuevo que nos espera.

Es sólo que estoy cansado.

 

 

Pronto actualizaré este post poniendo las fotos correspondientes... tal vez.

 

 

Jvr ahora está aquí.

Ya me había encariñado con todas las marcas que hice en el mapa, por todo Kansai.

image

Ahora tengo todo el Este vacío, y 6 meses más para llenarlo de marquitas.

image

¿Qué les dije?

Originalmente iba a postear sobre cosas de la cultura japonesa como la puntualidad y el no poder decir que no, pero acabo de entrar en shock y como buenos ciberlectores ustedes merecen estar informados.

¿Se acuerdan de lo que les había comentado sobre el viaje hace cuatro meses?

image

image

Y también, hace siete meses, dije...


Aquí en Japón, los primeros días de mayo son de vacaciones, se conoce como Golden Week. Como saben (y si no, les cuento), todos los mexicanos que vinimos aquí, estuvimos dos meses en Osaka para curso de japonés, y luego nos vamos a distintas ciudades para el curso formal. Ese cambio de ciudad es durante los últimos días de la Golden Week.

O al menos eso pensaba yo.

Me acabo de enterar de que, aunque todos se van el miércoles 6, yo me voy el sábado 2. En la mañanita. O sea que éste es mi último fin en el OSIC. Es el último fin de semana que paso junto con Bio, Laura, Vane, Miguel, John, Abraham, Emanuel, Eva, Diana, Claudia, Juan, Nacho, Francisco, Toño, Cheché, Alicia, Caro, Kary, Alan, Paquito, Jesica, Luis, Paty y Roger. Bueno, a Juan lo seguiré viendo los siguientes 6 meses, y definitivamente a los demás no será la última vez que los vea, de hecho hay planes de vernos mucho, pero... después.

Ahora sí, a estudiar; ahora sí, estar relativamente aislado; ahora sí a estar más solo. Sabishii さびしい。

Y lo que más coraje me da es que hoy buscando entre los papeles que me dieron muy al principio, desde entonces ya tenía la fecha en que me voy a Tsukuba. 2 de mayo. Pero en ese entonces ni sabía bien de la Golden Week, y ni me imaginaba lo fuerte que iban a ser los lazos que iba a formar con la gente. Y ya estaba haciendo planes para esos días. Pero ya no.


Hace algunas clases, la maestra de japonés nos preguntó, "si pudieran regresar a vivir un día de su vida, ¿cuándo sería?". Yo muy valiente le contesté algo como "yo antes extrañaba mucho algunas etapas de mi vida... pero ahora ya no; las recuerdo con cariño, pero estoy seguro de que el futuro será igual de bueno o mejor."

No es tan fácil decir eso cuando estoy a una semana de cambiar de modo de vida, dejar atrás un lugar donde, por un lado ya me había acostumbrado a muchas cosas, por otro lado apenas me estaba encarrerando en conocer y disfrutar a las personas... bueno, en especial a una en particular...

Y sí, hay planes de que el futuro sea mejor... pero por hoy me entró el susto y un poco la frustración y tristeza.


El vecino de enfrente (creo que es Emanuel) ha estado escuchando música japonesa a alto volumen desde que empecé a escribir esto... muy curioso porque varias eran canciones que yo a veces oía antes de venir, ya sea por mis amigos del japonés (en especial Rubén y Andy) o ya fuera por los animes que veía... pero las escuchaba mucho en esa temporada en la que más soñaba con venir a Japón. ¡Ya estoy aquí! Como saben, a mí me mueve mucho la música... me teletransportaron a esa época... me generaron un sentimiento muy raro. Por un lado de satisfacción, de acordarme de cuando uno de mis más grandes sueños era llegar a donde estoy hoy. Por otro lado, ya me voy... ¿Qué pasa cuando cumples tus sueños? Hay que buscar otro inmediatamente.

También, buscando los links a los escritos que puse arriba, repasé los títulos de muchos de los escritos que he publicado aquí en los últimos meses... me di cuenta de las vueltas que ha dado mi vida, y que todas han sido para mejorar, así que supongo que lo que viene sólo puede ser mejor... como dices, las cosas pasan por algo, y si queremos, no puede ser de otra forma más que para bien.


En fin, ya estoy divagando mucho. Sólo me quería desahogar un poco. Tengo que hacer la tarea para que no nos regañe mañana la maestra por 4a vez en la semana.

Madrugada en Montreal

Dieron las 4 de la mañana. Todos en la casa se empezaron a mover. Métete a bañar. Ya sube las maletas que están listas. ¿De quién es esa chamarra? Vamos a buen tiempo. Su vuelo sale a las 7. El mío, a la 1. Yo sigo dormido. Adiós Javier, nos vemos allá. ¿No te quieres subir al sillón?

Apagan la luz. Se oye el ruido del garage cerrando. Me quedo solo.

Por alguna razón, del silencio en mi cabeza empieza a hacer eco muy fuerte una de las canciones que cantamos cuando en primaria me fui de intercambio a Cincinnati. Una, para cantar un canto que nos una... Se acerca la hora de partir y me empieza a caer el veinte de muchas cosas.

Aprendí que a veces puede ser divertido coquetear sin importar con quién.

Que hay personas con quienes me puedo encariñar muy fácilmente, pero luego olvidarlas con la misma facilidad.

Que estar a solas al lado de una chava guapa viendo las estrellas en la noche oscura y despejada en el jardín de una tranquila cabaña junto al lago podría ser la situación más romántica del mundo, pero también puede no serlo.

Que 3 años se pasan muy rápido.

Que las personas vienen y van, cambian de lugar, pero los corazones se quedan.

Que los amigos de mis amigos son mis amigos, y no quiero dejar de verlos.

Que no importa cuántos souvenirs compres, al momento de partir no son nada comparado con las ganas de quedarte.

Que lo que me duele del "regreso a la realidad" no es regresar a trabajar, sino dejarte aquí.

Que, habiendo tantas personas a quienes quiero dedicarles tiempo en mi vida, más vale encontrar una forma de ganarse la vida que no requiera de mucho tiempo.

Que el sentirse solo o acompañado no tiene que ver con quién esté a tu alrededor, sino quién está en tu interior.

Que no importa si tengo 26 años o 12, no importa si es Montreal o Cincinnati, en muchos sentidos sigo siendo el mismo.

Empieza a salir el sol. Es buen momento para verificar las maletas.

DSCF0236