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Lo que he aprendido de mis sueños

  • Esa mancha en el espejo, por las noches, se convierte en un azotador que va dando marometas por todo el marco.
  • Abajo de la mesa del comedor hay arenas movedizas.
  • Las limousinas no tienen asientos en su interior, y se manejan con un joystick.
  • La respuesta a todas las preguntas de la vida es 
  • Si sostienes tu almohada frente a ti como un carrito de súper, y agarras vuelo, puedes subirte a ella como lo harías en un carrito de súper. No te preocupes, las almohadas flotan cuando van a buena velocidad.
  • Puedes volar si te concentras y pujas. O al menos flotarás un poco. Conviene agarrarte de un barandal.
  • Existe una manera de viajar a Marte instantáneamente. Una máquina comprime toda tu estructura celular a un cilindro de radio infinitesimalmente pequeño; como conservas tu masa, tu longitud se volverá tan grande que instantáneamente cubres la distancia requerida. Esta máquina está, obviamente, alineada por láser con otra similar, que te recibe y te descomprime del otro lado. Viaje instantáneo. Favor de no llevar anillos, pulseras, botones ni nada metálico.
Y, aprendido el fin de semana pasado:
  • Si tienes ganas de ir al baño, y no encuentras uno, pero todo mundo te insiste en que un cajón de ropa es un mingitorio y debes hacer ahí, pero no quieres, probablemente tu cuerpo te está tratando de decir que en verdad tienes ganas de ir al baño y que debes resistir o despertarte antes de hacerlo.

Y tú, ¿crees en Dios?

Anoche tuve un sueño muy extraño.

Estaba platicando en un centro comercial con un amigo de un primo. Él me decía muy convencido, como a punto de descubrir algo:
"He estado pensando... me gustaría ponerme a analizar a profundidad la posibilidad de que Dios no exista. Porque, si Él fuera El Creador... ... Mira, hice cuatro cuadrantes..."
Y me enseñó una hoja de papel con un rectángulo dividido en cuatro... que luego resultó que era como una pantalla de computadora.
"En este primer cuadrante, el programa no hace nada. En el segundo, va creando resultados basándose en swivridan; en el tercero, basado en kragtan, y en el cuarto programé una superposición de los dos. Y mira cómo evolucionan, gracias a lo que yo programé. Esto es más que suficiente para decir que yo soy un creador, y por lo tanto todo el poder de la creación no existe sólo en Dios, sino también en nosotros... entonces... a lo mejor..."
Yo lo interrumpí y le advertí que no siguiera profundizando sus pensamientos. Le dije:
"Mira, acuérdate de cuando eras pequeño y creías en Santa Claus. Recuerda cómo te sentías. Ahora ya sabes que no existe Santa Claus; ya sabes que los regalos los ponía tu papá. 
Sabes que, cuando creías en él, las cosas funcionaban de la manera en que esperabas --si me porto bien, Santa estará contento y aparecerá y me traerá regalos--, pero no por las razones que creías.
Hoy sabes que no existe. No se trata de que no creas en él, sino de que ya sabes que no existe. Entiendes perfectamente bien las razones por las que no existe, sabes de dónde venían los regalos.
Ahora, ¿hoy podría yo volverte a convencer de que sí existe? Si te diera cien argumentos a favor de la existencia de Santa Claus, ¿podrías volver a creer en él?"
Me puse de pie.
"Y piensa, ¿son más felices tus navidades ahora que sabes que Santa no existe, o eran más felices y emocionantes antes?"
Y empecé a caminar y me alejé del Starbucks, sin que me pudiera contestar. Sólo se quedó pensando.

Teletransportación a Marte

Hoy tuve el sueño más extraño de todo el año.

Primero, es prudente mencionar que 1) he estado viendo muchas fotos y videos del viaje a Japón, sobre todo de cuando estábamos todos juntos; 2) estoy un tanto ansioso/nervioso por mudarme a Guadalajara; y 3) he estado viendo The Big Bang Theory mucho últimamente.

Todo empezó cuando por alguna razón teníamos que ir a Marte. Sí, al planeta rojo ése a donde algunos dicen que tarde o temprano nos tendremos que mudar y que para eso hay que empezarlo a aclimatar. Por alguna razón, estaba con todos mis compañeros ex-becarios y nos iban a mandar para allá. Claro que un viaje a Marte toma 6 meses, y yo sólo contaba con aproximadamente ocho horas de sueño, así que mi subconsciente tuvo que hacer algunos ajustes para que eso pudiera suceder en el tiempo determinado.

Primero tendríamos que hacer una parada en la Luna. Eso es más fácil, ya han ido muchas veces. El viaje a la Luna no lo percibí, pero creo que fue una especie de teletransportación sencilla. Simplemente, de repente ya estaba allá, y al dar la vuelta en una esquina (no sé si era una roca enorme o un edificio) se podía ver un gran cráter con el sitio del alunizaje original. Detrás del cráter, al fondo, un complejo hotelero y ciudad como en cualquier playa primermundista mexicana (--cabe mencionar, fuera del sueño, que hace poco fui a Manzanillo, y que este año un amigo piensa casarse en Acapulco).

Cruzamos caminando --obviamente ya habían aclimatado la Luna con una atmósfera presurizada y respirable-- y llegamos hasta las instalaciones que nos mandarían a Marte. El proceso aquí era un poco más complicado. La máquina que íbamos a usar era una especie de cilindro como de metro y medio de diámetro, y dos y medio de alto. En su parte superior había una especie de lente que apuntaba en diagonal hacia abajo a la altura de la cara. Esta parte podía girar al rededor para apuntarle al individuo que sería teletransportado, quien estaría ahí parado, sin ninguna clase de protección o aislamiento de los demás. Estaba pues el cacharro este en medio de un cuarto casi vacío (que ahora que lo pienso, bien podría ser el cuarto de mi tío en casa de mi abuelita), y todos entrábamos ahí. La verdad es que no nos dieron mayor explicación de cómo funcionaba la máquina ni qué pasaría, así que yo discretamente me acobardé y me hice para atrás, para que fuera alguien más de los otros 24 presentes quien la probara primero.

A decir verdad, ni siquiera tuve el valor de ver qué es lo que pasaba cuando uno a uno mis compañeros eran teletransportados, y de hecho preferí salirme del cuarto a platicar nerviosamente con uno de ellos, Toño.

Cuando regresamos, algunos minutos después, ya quedaban sólo unos 7 u 8 compañeros. Algunos de los operadores de la máquina estaban comentando algo sobre si debíamos o no llevar objetos metálicos. "Es que no, porque ésos no se comprimen, entonces no alcanzan a pasar por el agujero...". En ese momento le tocaba a Cheché, quien se paró frente a el enorme lente y activaron la máquina. Yo esperaba verla desaparecer de alguna manera espectacular, pero no fue así. Sólo se quedó ahí parada, rodeada por un extraño brillo azuloso transparente.

Según entendí, lo que la máquina hacía era que a través de una especie de radiación hacía que tus células fueran lo suficientemente compresibles y deformables como para que --con alguna otra máquina, supongo-- te hicieran pasar por un tubo microscópico --algo así como los teóricos agujeros de gusano, pero sin viajar en el tiempo-- que te haría pasar instantáneamente de la Luna a Marte. (Lo cual me suena lógico, puesto que si comprimen tu masa y volumen a tan sólo una línea --valga la redundancia, unidimensional--, o lo más aproximado a ello, entonces tu longitud se aproximará a infinito, haciendo que llegues de un punto a otro en un tiempo que se aproxime a 0).

¿Qué es lo que pasaba del otro lado? No lo sé. Los "científicos" no se decidían entre si se podían llevar objetos metálicos o no (y no supe qué pasó con los que ya se habían ido), así que por un lado yo empecé a quitarme todo y ponerlo en una charolita como en el aeropuerto, y por el otro cada vez desconfiaba más del cacharro ése (así como de la vacuna de la influenza H1N1), así que conforme tenía menos posibilidades de dejar pasar a alguien más, me entraba más el nervio.

Finalmente, antes de que me tocara a mí, algo me hizo despertar.

Estuve semi despierto por un par de segundos, dije "qué extraño sueño", lo repasé todo, y volví a dormir.

Un par de segundos después estaba en el comedor de la ahora inexistente casa de mi abuelita, jugando cartas con mis papás y mis tías. En la primera mano que me tocó, me salió una tercia de niños, cuyas cartas se seleccionaron automáticamente. Una de esas cartas era todo un cuadro donde por ahí aparecía un niño, así que una de mis tías se quejó. Pero se seleccionaron solas, así que estaba bien. Con eso ya me pude bajar, y pararme de la mesa para moverme al rededor. También tenía poker de demonios. El arroz (como todos sabemos, las cartas se acompañan de arroz blanco con frijoles) estaba bueno.

Soñé que iba a ir a Japón

Hoy, después de la clase de japonés, subí a mi cuarto y me recosté un rato. El susurro uniforme de la calefacción me fue arrullando y me quedé profundamente dormido.

Y comencé a soñar.

Soñé que estaba en mi casa. Soñé que iba a ir a Japón.

Y que me emocionaba y que veía los videos de la residencia donde me iba a hospedar. Y que cada día estaba más ansioso por ir, y más ansioso por encontrarme con las personas que conocería allá, y que también estarían ansiosas por conocerme.

Porque en la realidad que soñé, no existían Biomara, Laura, Vane, John, Eva, Miguel, Emanuel, Diana... y todas las personas a quienes ya me acostumbré, quienes comparten conmigo esta experiencia día a día, todo el día, y a quienes hoy ya no quiero dejar de ver. Sin embargo en el sueño me parecía lógico, perfectamente lógico, que no existieran. Porque hace un mes, ellos no existían en mi mundo. Nunca habían existido. Hoy, principalmente ellos existen en mi mundo.

Esa sensación subconsciente de que me faltara "alguien" (en ese estado me hubiera sido imposible recordar quiénes, aunque lo hubiera intentado) me inquietó un poco, y algunas neuronas decidieron despertar. Empecé a recobrar la conciencia, y analicé el entorno donde estaba. Sí, estaba medio dormido en una cama; mi cama. Sí, me sentía en casa. Sin embargo una neurona empezó a correr la voz de que ya había pasado el tiempo para que estuviera en Japón. ¿La conclusión? Durante un período inicial, estoy yendo a Japón todos los días, y cada noche regreso a casa. Sí, porque ahora me siento tranquilo, en casa.

Más y más neuronas empezaron a despertar, y finalmente me di cuenta de que, sí, estaba en casa, pero no en el mismo lugar al que consideraba "hogar" hace un mes, sino otro nuevo. En Japón. Un lugar al que ya me acostumbré, rodeado de nuevas personas con quienes ya me encariñé.

 

Desperté y lo primero que vi fue que empezaba a  caer la tarde. Y ahí afuera, detrás de mi ventana, estaba Japón. No había que ir muy lejos para llegar. Sólo salir al balcón.

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Volar

La primera vez que soñé que volaba, mis movimientos eran muy limitados. Lo único que podía hacer era columpiarme en círculos colgando de una cuerda invisible que me sostenía por encima de la esquina que se formaba en la escalera en L que había en casa de mi abuelita. Aunque no podía desplazarme más, fue muy divertido. Recuerdo que pasé un buen rato volando ahí, sobre la escalera. Esa escalera en la que todos los niños que pasamos por ahí (incluídos mis tíos) nos encantaba brincar desde el recibidor hasta ese descanso antes de que la escalera doblara hacia el patio. A mí además me gustaba sostenerme de los barandales cafés de metal incrustados en la pared y levantar los pies, y columpiarme probando la fuerza de mis brazos.

De hecho, la segunda vez que soñé que volaba, fue porque descubrí que al estar sostenido de los barandales, podía soltarme de una mano y mantenerme sentado en el aire, siempre y cuando me agarrara del otro barandal. Así, fui recorriendo toda la escalera flotando, sin bajar los pies, sosteniéndome de sólo un barandal. Y al poco tiempo descubrí que podía hacerlo en todos lados, agarrándome de cualquier barandal o pretil. Siempre manteniendo las piernas cruzadas, sentado en el aire, e impulsándome poco a poco con las manos.

La tercera vez que volé en mis sueños, fue porque en la secundaria íbamos a tener una excursión o algo así, y cuando me desperté era muy tarde. Así que puse mi almohada frente a mí, horizontalmente, y me agarré fuerte de ella, sosteniendo fuerte las orillas como lo hacía cuando llevaba el carrito del súper, tomaba vuelo y subía los pies. Así, recargué el peso de mi cuerpo sobre la almohada y me impulsé hacia adelante. Mi almohada se mantenía volando a metro y medio del piso, sosteniendo mi peso, y se desplazaba cada vez más rápido conforme iba empujando con un pie. Pronto estaba volando sobre las azoteas de los edificios, haciendo unos valientes saltos de uno a otro, y pude llegar a la escuela justo cuando todos se estaban subiendo al camión. Lo que no me fijé es que no llevaba puestos los zapatos.

Así, mis técnicas de vuelo se han ido perfeccionando. Cada vez soy más libre, y cada vez es más fácil. De un tiempo para acá puedo volar por mí mismo, sin cuerdas, ni barandales, ni almohadas. Solamente mantengo la respiración, me concentro, pujo un poco, y ¡listo! Empiezo a flotar. La clave aquí es confiar y no tener miedo. Al principio cuesta un poco de trabajo, porque mi mente dice "esto no es cierto", y entonces toco el piso. Pero en cuanto pierdo el miedo, empiezo a levantarme cada vez más. Ahora sólo es cuestión de concentrarme en ir hacia adelante, y así empiezo a agarrar velocidad. Ya casi lo domino.

Anoche, por ejemplo, estaba en una especie de día de campo. Creo que todo estaba bastante aburrido, y a lo lejos se oían voces de unas chicas divirtiéndose. Qué mejor manera de desplazarse que volando. Logré levitar, pujando como describí arriba, y luego empecé a desplazarme a una gran velocidad, al raz del suelo. Eso es divertido. Y más fácil. Es más fácil volar cerca de superficies (suelo o paredes), porque así siento cómo con mi fuerza voladora empujo contra ellas y me mantengo seguro, tranquilo, y eso evita que caiga. Pero la verdad es que puedo alejarme del piso y paredes también. Anoche, por ejemplo, me concentré y pude desplazarme verticalmente, a una velocidad considerable, y me elevé bastante. Creo que nunca me había elevado tanto al volar. Se siente tan bien... Sólo por diversión, bajé rápidamente y de nuevo volé horizontalmente, boca abajo, a unos 30 cm del piso, como a unos 50 km por hora, con los brazos pegados al cuerpo para no perder velocidad. Podía sentir la humedad del pasto y ver las partes con tierra. Así, con tanta velocidad, es más fácil hacer una curva hacia arriba y de nuevo levantarse, como a unos 10m de altura.

Así llegué una terraza, donde había unas chicas muy guapas, que tenían una parrillada. Usaban shorts blancos, blusas ligeras de colores lisos para el calor, y parecían buenas personas.

Y desperté.


Curiosamente, hoy un amigo de mi papá le regaló un helicóptero de radio-control, y en la tarde pasé un buen rato intentando hacerlo volar, hasta que se le acabó la pila. Bueno, no se puede volar mucho un helicóptero dentro de la sala, pero sí logré mantenerlo flotando estable varias veces.

Pero no se acerca para nada al sentimiento de volar realmente, como en mis sueños.

Algún día tendré el dinero y la creatividad suficiente para hacerlo. Algo así como le hace David Copperfield. Cuando lo logre, prometo contarles.

Y presentarles a las chicas guapas de la terraza.

Y tú, ¿qué quieres ser cuando seas grande?

Hoy mientras me bañaba, decidía cuál sería el siguiente tema a tratar en este espacio. Todo mundo habla de la crisis mundial (siendo subjetivamente fan de Japón, me gustó este punto de vista), pero creo que a veces hay cosas más importantes que resolver cada quien en su interior.

Y tú, ¿qué quieres ser cuando seas grande?

Curiosamente, en la junta de hoy, Israel nos presentó este documento.

Los invito a leerlo pero no es indispensable para discutir el tema de hoy... sólo me llamó la atención cómo 'coincidió' el tema de la junta con el tema de la regadera.


Cuando yo era niño, tengo recuerdos de que la respuesta a esa pregunta era algo como "los lunes, voy a ser bombero; los martes, cartero; los miércoles, inventor. Los jueves, 'hacedor de cintas' (como mi tío), y los viernes policía."

O algo así. El caso es que me llamaban la atención tantas cosas que no podía decidirme por una sola.

El tiempo pasó, la vida avanzó, la escuela llegó... y llegó un momento en el que la respuesta a la pregunta "Qué quieres hacer?" era obvia: terminar la carrera. Durante 5 años no me tuve que poner a pensar en ello.

Hubo un momento a principios de la carrera que sí consideré desviarme y estudiar actuación. Ambas cosas me apasionan mucho, sin embargo me puse a analizar mi futuro y decidí que, no sólo es "menos complicado" conseguir un "buen trabajo" en la ingeniería, sino que mi talento como artista era menor que mi habilidad como ingeniero, así que dejé de preguntarme cuál realmente me gusta más, puesto que ya sabía la respuesta a las preguntas "para qué soy bueno" y "en dónde hay chamba."

Y mucha gente hace eso. Se dedica a aquello que le lleva el pan a la mesa. En mi caso, afortunadamente, me gusta, pero hay mucha gente que ni eso.

Eliges una carrera según donde haya más chamba. (Esther, la señora que hacía la limpieza en mi casa, decía "¿Y por qué no estudia para doctor? ¿O para abogado? Ellos hacen mucho dinero, ¿no?") Durante 4 años tu objetivo en la vida es ir pasando las materias y terminar tu carrera, para poder presumir tu bonito título universitario. Y con él conseguir un "buen trabajo". Que, muchas veces, tampoco lo escoges tú; ellos te escogen a tí.

De los millones de posibilidades de cosas que hacer en el mundo, decides enfocarte a ser empleado de una de las miles de empresas que hay. De ahí, mandas curriculum a unas cuantas decenas, según las que te enteraste en el periódico o en internet o recomendadas. De esas decenas, a lo mejor unas 20 ven realmente tu curriculum. Unas 15 deciden hablarte, sólo 10 logran contactarte, sólo 7 te interesan, sólo a 5 vas a la entrevista, quizás unas 3 te vuelven a llamar, y te das el lujo de decir que "tú escogiste" una.

Una vez contratado, tu meta en la vida durante esta semana es cumplir con las tareas que te asignen en el trabajo, para que al final de la quincena te den tu cheque.

Luego, si funcionas, tus jefes se encargan de lavarte el coco y convencerte de que tu meta en la vida es hacer carrera ahí. (De nuevo, tampoco lo elegiste tú; y resulta muy cómodo que "ya tienes una meta" por los siguientes años, como cuando estabas en la carrera.) Te enfocas años a trabajar para el jefe. El dueño se vuelve más millonario, y tú quizá subes de puesto y recibes un aumento de, si bien te va, un 20%. Y eso te emociona.


Me asusta escuchar a gente aquí en la oficina que está muy feliz porque este año ya tiene VEINTE días de vacaciones, y eso porque ya lleva veinte años trabajando aquí.

Veinte años cumpliéndole los sueños al dueño. Y quién sabe desde hace cuántos se dejó de preguntar cuáles eran los suyos, porque ya se convenció de que su sueño es "hacer carrera" ahí, como le dicen sus superiores.

Toda una vida decidida por el azar de cuál currículum mandaste antes y cuál empresa te escogió.

Robert Kiyozaki le llama "la carrera de la rata".




Hace unos meses aprendí que no siempre "lo que haces" (a lo que le dedicas el 80% de tu tiempo de vida) tiene que estar definido por "lo que te paga." Y entonces regresa la pregunta.

¿Qué quieres ser de grande?
¿Qué quieres hacer?


Todavía tengo algunas "metas obvias" a corto plazo, como irme a la especialidad en Japón. Pero, ¿y al regresar?

  • A veces me veo muy feliz con mi taller de CNC.
  • A veces me veo muy feliz dirigiendo una orquesta.
  • A veces me veo muy feliz como empleado en una consultoría de CAD-CAE-CAM.
  • A veces me veo muy feliz estudiando teatro.
  • A veces me veo muy feliz yendo los lunes a un taller de comedia musical, los martes haciendo robotitos, los miércoles tocando música y cantando con mis amigos,... los jueves hacedor de cintas y los viernes policía.


Ahora me doy cuenta que desde pequeño tenía ese problema. Me apasionan varias cosas distintas. Y lo peor de todo es que, de esas 5 ó 6 cosas que me apasionan, no soy tan malo en 3. Y cada vez que me dedico a alguna, la gente que me rodea me trata de convencer de que le dedique el 100% de mi tiempo a esa.

Como cuando en la carrera quería participar en todos los talleres de teatro y música y Benjamín me decía que entrara con él al concurso de robótica pero yo quería pasarme todo el día en el taller de mecánica pero el sábado en la noche en casa de Diego quería pasarme todo el fin de semana de fiesta y luego participar con ellos en su teatro experimental. Y luego me pasaba la tarde haciendo la tarea de Control de Calidad y luego jugando Nintendo.

Así que la pregunta para mí sigue abierta. Tengo fé en que encontraré la forma de diseñarme una vida que involucre todo lo que me gusta. O al menos, como dice el documento de Isra, dedicarme un rato a algo sabiendo que no será a lo que le dedique mi tiempo toda mi vida.


Y tú, ¿qué quieres ser de grande?

Llegando tarde a casa

Hace tiempo escribí un post en el que me quejaba de que no había nada en mi vida como cuando en la universidad me quedaba a los ensayos de teatro o de los espectáculos musicales.

En ese entonces, me dedicaba las primeras diez u once horas del día a las clases, tareas, laboratorios, investigaciones, prácticas (porque a veces hasta se nos olvidaba comer), y cuando llegaba la noche subía al 4o piso del edificio del gimnasio para ponerme otras tres horas a cantar, bailar, actuar... sudar.

ph-xxsemana25[1]Creo que los semestres que más disfruté fueron séptimo y noveno. En séptimo con Niña de Sombra y la XX SC (foto), el noveno con Beatlemanía. Me acuerdo muy bien que llegaba a mi casa ya como a eso de las 11 de la noche. Mis papás ya dormidos; muchas veces me dejaban algo de cenar, otras veces me lo preparaba yo. Recuerdo que llegaba yo solo al comedor, tratando de no hacer mucho ruido para no despertarlos, y mientras cenaba me ponía a ver a David Letterman. Y me ponía a reflexionar sobre el día. Me ponía a reflexionar cómo, a pesar de lo cansado que estaba ya en ese momento, había sido un buen día. Porque no sólo dediqué la mayor parte del día a lo que la gente hace "normalmente" --la carrera-- sino que además aproveché mi "tiempo libre" no para rascarme la panza, sino para estar con mis amigos y construir algo. Porque eso es lo más satisfactorio de ese tipo de espectáculos. Estar con gente que aprecias y sentir que juntos están construyendo algo.

Primos y amigos, ajenos a ese medio, me cuestionaban que por qué lo hacía. Que si me pagaban por las funciones que daba. No hubiera estado mal que lo hicieran, sin embargo mi motivación era otra. Y así terminaba el día junto con David Letterman; muerto de cansancio pero con la sensación de "hoy fue un buen día, estuvo bien aprovechado". Y al día siguiente, como si nada, listo para el laboratorio de electrónica a las 7 de la madrugada.

Y hace tiempo que extrañaba ese sentimiento.

Como algunos saben, hace como 3 de meses entré a un negocio, cuyas actividades en su momento prometían ser un buen sustituto para esas actividades "después de lo normal" que tanto extrañaba. Sin embargo, como también saben (y he recalcado en los últimos posts de aquí), llevo muuucho tiempo "terminando" mi tesis de maestría. Y mientras no la terminaba, cada vez que le dedicaba mi "tiempo libre" a otra cosa, por muy bien que lo hiciera, al final terminaba con un sabor de boca de "hoy pude haber avanzado con la tesis... y no lo hice."

Ya terminé. Me faltan un par de artículos, y descubrir en qué playa del mundo están vacacionando mis sinodales y directores, pero ya terminé. Ya no puedo usar la tesis como pretexto para otras cosas.

Esta semana, por fin decidí lo que quería decidir desde hace 3 meses. Porque hace 3 meses entré al negocio, pero en realidad no desde hace 3 meses estoy participando en el negocio. Decidí a partir de ahora llenar ese hueco de aquel primer post, y dedicar mi "tiempo libre" a hacer crecer mi negocio. Hoy busqué a Lysett y a Ernesto, viejos amigos que hace tiempo no veía, para platicarles.

Llegué a mi casa a las 11:30 de la noche. Mientras cenaba, me puse a ver a David Letterman. Y tuve de nuevo ese sentimiento. Dediqué la mayor parte del día a mis actividades "normales", y luego dediqué mi "tiempo libre" a convivir con mis amigos, mientras estoy construyendo algo grande. Terminé el día muy cansado, pero con el sentimiento de que fue un día bien aprovechado, y de haber visto a gente que quiero. Y además, sé que estoy un paso más cerca de mi sueños, y que estoy ayudando a mis amigos a lograr los suyos. Seguramente mañana me podré despertar temprano.

Y ahora sí, me pagan por hacerlo.

Sueño extraño

La semana pasada Carrillo me invitó a una plática hoy, sobre algo interesante. No me quiso decir sobre qué es, sólo que es muy bueno. "Sí es serio... pero no es para todos."

Por más que indagué, se negó a revelarme detalles.

Así que hoy, mientras dormía, mi mente se puso a construir sobre el asunto.


Llegué al lugar. Era un edificio muy amplio, de oficinas. Teníamos que ir al tercer piso, así que usamos las escaleras. Cuando llegamos y la puerta se abrió, me sentí muy agusto. Demasiado agusto. No como cuando llegas a un lugar que no conoces y no sabes en qué sillón sentarte, no. Justo cuando di el paso hacia adentro e incluso desde antes cuando se empezó a abrir la puerta, me sentí totalmente como en casa.

Demasiado como en casa.

Pronto me di cuenta de lo que pasaba. Se trataba de una sala, no igual en disposición, pero sí con los mismos muebles que la mía. Quienes hayan venido a mi casa (o a las anteriores) sabrán que en mi sala tengo unos muebles negros muy grandes que están prácticamente empotrados a la pared. De hecho se contruyeron para el departamento aquél de la Colonia del Valle antes de que nosotros llegáramos, y los hemos venido trayendo cada vez que nos mudamos.
No son muebles que puedas comprar en Rosend, y que por coincidencia haya unos iguales ahí.

Más aún, en la sala que describo había todavía algunos adornos de navidad (en marzo). Igual que en mi casa, que aún no los hemos terminado de quitar.

Sólo había una explicación. Alguien había ido a ver cómo era mi sala y había construido una igual aquí para que yo me sintiera cómodo. Pero, ¿por qué yo? Yo no era el único "nuevo" que llegaba a la sesión. Ni siquiera podrían haber sabido que iba a ir ese día. O al menos Arturo, Nestor, Ontiveros y Luis también eran nuevos ahí. ¿Por qué MI sala?

Curiosamente no oí que nadie comentara "Mira, tu sala!". Todos parecían estar muy agusto.

Entonces entendí lo que podría estar pasando. Me acerqué a uno de mis amigos, y mientras caminábamos por enmedio de la sala, le pregunté:

--Néstor, ¿qué ves aquí?
--¿Cómo que 'qué veo'?
--Sí, descríbeme esta sala.

Se detuvo a la mitad de la estancia, como si hubiera algo enfrente de él. Pero yo no veía nada. Haciendo señas hacia el frente, dijo:
--Pues aquí hay unas repisas como las de mi casa... allá, una sala parecida a la mía... de este lado,...

No era que alguien hubiera puesto mis muebles ahí. Era que cada quien traía los suyos consigo. Cada quien estaba viendo su propia sala.

--... y allá al fondo unos taxis.

"Unos taxis"? No lo dijo en el mismo tono que lo demás. Como si los taxis le incomodaran, como si no fueran parte de su sala. Tampoco eran parte de la mía, pero ahí estaban. ¿Eh? ¡Yo los veía también! ¿Por qué? Mi mente empezó a procesar rápidamente. Cada quien veía sólo lo que quería ver. Más los taxis. Por la misma razón que nos veíamos entre nosotros; por la misma razón que todos podíamos ver al orador que ya estaba empezando a pedir que nos acercáramos. Porque eso sí era real, y no podíamos evitar verlo.

¿Alguna vez les ha pasado que están quedándose dormidos, y de repente sienten como si la cama se desapareciera por un instante, y sienten cómo caen un centímetro, de nuevo sobre su cama, y despiertan asustados? Pues en ese momento, dentro del sueño, yo sentí eso. Y de repente me encontré parado dentro de un salón totalmente vacío, junto a Nestor y otras personas que empezaban a acercarse al orador, y unos taxis al fondo. Los mismos taxis que veíamos Nestor y yo en nuestras respectivas salas. Mi mente se había desconectado de la ilusión y todo estaba vacío.

Ese salón vacío se sentía un tanto frío e inhóspito, así que hice un intento por tratar de subirme de nuevo a la ilusión, de traer de vuelta mi sala. Pero era tan inútil como tratar de levitar.

El orador puso una caja en el suelo, y la abrió. Apartó unas hojas de instrucciones, en las que alcancé a ver un diagrama de una mano tomando una pieza de madera en forma de L y unas flechas de cómo debía moverse en el aire. Sacó una especie de móvil de madera. Un aro de unos 15 cm al cual estaba pegado una pieza larga horizontal, de la cual colgaban con estambres unos cubitos, esferas y un prisma. Se puso el aro alrededor del cuello.

Los demás hicieron la pantomima de hacer lo mismo, sacar el aparato de la caja frente a sus pies. Pero no tenían nada. Bueno, yo ya no tenía nada en mi sala, pero ellos probablemente sí, así que ellos sí creían tener cada quien su aparato.

Seguramente era ese aparato el que usaban para controlar nuestras mentes, para hacernos ver cosas. En ese momento, el único real era el del orador, y nos estaba enseñando a usarlo aunque los nuestros fueran imaginarios.

Así que esto es con lo que Carrillo está haciendo dinero. Hipnosis. Aunque no me interesara usarlo como negocio, empecé a pensar en todas las posibilidades que esto tenía. Y todas las implicaciones de la ilusión que acababa de vivir. Parecía tan real... Los que conozcan a un servidor, sabrán que me gusta tener todo bajo control. O al menos entender todo lo que pasa en mi cercanía. Y el hecho de haber estado unos minutos en una sala que nadie más veía, me daba un poco de miedo.

Esperen, ya me perdí parte de la explicación de cómo usarlo. Hice un esfuerzo por imaginarme el mío, para tratar de seguir los movimientos del instructor, pero no pude. Era demasiado complejo como para imaginármelo todo a la vez conscientemente. Me acerqué a ver el suyo, para estudiar su geometría con detenimiento. Los demás no parecían tener ningún problema. Lo veían sin hacer ningún esfuerzo. En la desesperación de estarme perdiendo la explicación, tomé dos de los colguijos de su aparato --la esfera y el prisma-- y los arranqué con sus estambres, poniéndolos cerca de mi cuello en un esfuerzo por que la cantidad de imaginación necesaria fuera menor.


Una música empezó a oirse a lo lejos, y gradual pero rápidamente me transportó hasta acá. El despertador estaba sonando, ya son las 7 de la mañana. Se me hace tarde.



Algo es seguro. Había algo de emocionante en eso de estar descubriendo que aún quedan cosas por entender.