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Poutine

Ayer, en un partido de fútbol de la nacamente llamada "Concachampions", un salvadoreño de nombre Mauricio Quintanilla, del equipo Luis Ángel Firpo (así se llama el equipo) cometió foul sobre un jugador de Pumas, y el árbitro lo expulsó.

Pero a Quintanilla le valió sorbete y siguió jugando. ¿Por qué no?

El árbitro no se dio cuenta hasta dos minutos después que le avisaron los Pumas.

El árbitro puede haberse visto muy estúpido al no darse cuenta, pero ¿qué pasaba por la cabeza del jugador cuando decidió no acatar la tarjeta roja? Se supone que estás jugando fútbol profesional, apegándote a sus reglas... pero no las sigues. La autoridad en la cancha es el árbirto... y decidió no respetar a la autoridad y seguir jugando.

¿Qué le pasa? ¿Qué tiene en la cabeza?

Yo les diré qué tiene en la cabeza: poutine.

Para aquellos que tengan la buena suerte de no haberlo probado, les diré qué es el poutine. Es un platillo tradicional de Quebec, que consiste en como medio kilo de papas pseudofritas muy grasosas, bañadas en algo que parece una especie de gravy rebajado que no es más que la grasa restante de la olla donde han freido carne durante toda la semana, y probablemente gravy que dejaron los clientes en sus platos el día anterior, y con una especie de queso blanco cuya calidad no excede la calidad del quesillo de las tortas de Don Torta. Agregue si lo desea tocino medio crudo o salchichas o cualquier cosa medianamente comestible.

Esa es mi definición; anexo el wikilink.

Entre los Quebecuas y Montrealeses parece ser muy popular, y supongo que debe ser muy bueno para bajar la peda, pero en lo particular yo prefiero unos jochos de carrito o unos buenos Chupacabras. Más sabrosos y más nutritivos.

El caso es que, creo firmemente que el jugador ése que les digo tiene poutine en la cabeza. Y lo peor es que no es el único.

Hace unos meses me contaba mi mamá de una de sus alumnas de prepa que estaba echando demasiado relajo en su clase. Al ser regañada, la altanera alumna contestó algo como "a mí no me importa la autoridad, yo hago lo que yo quiera!"

Poutine en la cabeza.

No me quiero imaginar qué será esa escuincla cuando crezca. Si tiene suerte y es buena en la cama, tal vez se case con un millonario que la mantenga en una mansión y vivirá felizmente pensando que merece lo mejor de este mundo. Si no, tal vez se una a una banda de secuestradores. Total, qué importan los demás.

Lo peor es que esto del poutine en la cabeza es hereditario y medianamente contagioso. Y entonces ya tenemos chavos que han aprendido que en este país todo se arregla con paros y marchas, e hicieron una marcha para protestar porque RBD se separaba.


Hace unos días, los "maestros" cerraron la carretera a Cuernavaca durante 7 horas. ¿Sus peticiones? No quieren ser evaluados por su trabajo.

Así es, no sólo son malos en lo que hacen, sino que son lo suficientemente estúpidos como para cínicamente admitirlo en público y decir que tienen miedo de que nos demos cuenta de que no saben hacer lo que hacen.

Ah, y aparte quieren poder heredar su puesto o venderlo. O sea que si mi papá es, por ejemplo, médico cirujano, pues yo seguramente también tengo las capacidades y conocimiento para ser médico cirujano. Así, sin estudiar. Créanme, no me evalúen.

Permítanme sacarles el poutine que tienen en la cabeza. Soy cirujano.


Podría seguir... pero me voy a poner de emo otra vez.

¿Qué hacer? Estudiar, trabajar por el bien de la sociedad, tratar de inculcar valores a los niños, y no dejarnos, pero tampoco pasar por encima de los derechos de los demás.

O atropellar manifestantes, como yo casi hice hace unos meses. (¿Ellos tienen más derecho que yo de usar la calle?)


¿O acaso el que tiene poutine en la cabeza soy yo?





PD: Tal vez estoy siendo demasiado duro. Debería darle otra oportunidad. Sólo he probado el poutine una vez, a lo mejor no es tan malo, sólo me tocó uno malo... Sí, le daré otra oportunidad en algún momento...

Hoy quería estar de buenas...

Mataron al hijo de mi vecina del departamento de arriba. Salió de su casa en la Roma con su laptop, y para robársela le metieron un balazo.


Vuelvo a mi punto: ¿de qué sirve ser buena persona, si allá afuera hay un chorro de gente que no va a hacer lo mismo por uno? Desde robarle un dulce a la viejita que tiene su puesto saliendo del metro Etiopía, hasta matar a alguien, sin ningún escrúpulo.

Ojalá y al que lo hizo se le muera toda su familia enfrente de él y luego corten los huevos y las manos y le saquen los ojos y se desangre lentamente en un basurero.


Y ojalá y todos los que se pasan los altos porque les valen los demás, se estrellen en un árbol.

Y ojalá que al que le robó el dulce a la viejita le roben su cartera.

Y ojalá...


Deberíamos mandar a todas esas personas a una isla a que se maten solos.




PD: en la mañana fui a Hacienda y se me olvidó mi número de cita, pero la podían buscar por nombre. Les especifiqué que "García" con acento. Dijeron que el sistema no capturaba acentos, y que no estaba registrado. Así que me mandaron a la goma. Mi culpa, por no llevar mi número.

Después chequé. Sí estaba, con acento.




PD2: gracias a Andrea, Ernesto y Vane que se comunicaron con respecto al post anterior. Muchas gracias. Es curioso como estas cosas se vuelven como cartas con destinatario libre, que muchas veces leen personas que no esperábamos precisamente. Muchas gracias.

Gritos

Hoy de nuevo me desperté con los gritos de dolor de mi mamá.
¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que a más de un mes de la operación, cuando ya casi estaba por terminar de recuperarse, pase esto de nuevo?

La ayudé a bajar el escalón del baño. Arrastraba la pierna como si la tuviera tiesa como piedra pero parecía que se le iba a desquebrajar si la apoyaba. Mi papá no sabía si tomarla de un brazo, de la mano, del codo, o cómo... se abrazó de mí y con un grito de dolor bajó la otra pierna.

Y así, con gritos largos y fuertes, y pasos cortos y débiles, poco a poco llegamos a su cama. Con muchos trabajos se sentó y luego de otros segundos de agonía logró acostarse.

"Gracias... ya vete a descansar."

Eran las 6 de la mañana. Ayer regresé del trabajo muy cansado así que dormí toda la tarde. Me desperté en la noche, y estuve jugando xbox hasta las 4 de la mañana. Ciertamente, a las 6 de la mañana necesitaba descansar.

Ya no supe qué pasó hasta las 9 que sonó el despertador. Después de la batalla de siempre, me levanté, desayuné los tamales que compró mi papá, me bañé... mi mamá seguía dormida. Limpié un poco mi cuarto y me fui a la clase de japonés esperando que todo hubiera sido un sueño.


Cuando regresé, la puerta aún estaba cerrada. "No se ha movido en todo el día... no la he querido despertar, pasó una noche muy mala."

No sé qué estaba haciendo yo unos minutos después cuando vi que mi papá estaba dentro del cuarto porque ella se quería levantar al baño.

Otra vez empezaron los gritos. No fue un sueño.

Esta vez, cuando salió del baño, le acerqué mi silla con rueditas para que no tuviera que caminar los cinco metros que tan largos fueron en la madrugada. "¡Me duele! ¡Me duele mucho!"

A veces parece que el dolor es tan fuerte como cuando antes de que la operaran. Como si los noventa mil pesos, dos semanas de preparación, cuatro de recuperación y todas las presiones involucradas no hubieran valido de nada.

Sus gritos ya no me espantan tanto. No porque sean menos fuertes, sino porque terminé acostumbrándome a ellos.



Cuando te acostumbras a oir a tu mamá gritar de dolor, con lágrimas en la cara, sin poder hacer nada, un día tras otro, pierdes la fe en muchas cosas. Eso, aunado al hecho de sentirte solo, de no encontrar con quién compartir, de no hallarte en lo que haces y de tener tiempo sin ver a tus amigos --a veces porque ellos tienen otras cosas que hacer, a veces (como hoy) por tener que cuidar a tus papás.

"Sé bueno y te irá bien."
"Todo lo que haces se te regresa."
"The love you take is equal to the love you make."
Karma.
"Por ahí anda una persona especial para ti, esperando conocerte."
"El que persevera, alcanza."
"eres como una prueba de que existen personas verdaderamente buenas en este mundo y que vale la pena intentar ser una de ellas."


No lo intentes.
No vale la pena.




Creo que lo que te va matando poco a poco es tener esperanza. Cuando esperas que pase algo "porque ya te lo mereces" y no ocurre, poco a poco te van rasguñando el corazón. Si entras a un nuevo trabajo o una nueva oficina, no esperes encontrarte a alguien interesante. No esperes tener el tiempo para todo lo que quieres hacer. Si entras a una clase con un título interesante, no esperes que te ayude con tu tesis. Si una nueva persona te pone atención, no esperes que esta vez la historia vaya a ser diferente.

Es mejor no esperar nada, para no llevarte decepciones.


Pero entonces, ¿dónde queda la fe? ¿Qué pasa con las metas? ¿Dónde dejas tus sueños?




Mientras escribía esto, mi mamá ya comió y se tomó sus medicinas. Y ya se pudo levantar --con ayuda-- sin demasiado sufrimiento.

Tal vez las cosas no estén tan mal.