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Viernes! (金曜日, kinyoubi)

OK, hoy es viernes. So?

Últimamente en el camión acá rumbo al instituto se han hecho muchos comentarios tipo "falta sólo un día para el viernes", "por fin es viernes", etc. Inclusive una compañera de Kenya nos comentó que ellos al friday de broma le dicen "furahiday" porque en su idioma furahi significa felicidad o algo así.

Sí, todo mundo espera con ansias el viernes.

Y el domingo, todo mundo sufre porque ya mañana es lunes.

Y el lunes todo mundo sufre, y a veces por el resto de la semana, hasta que llega el viernes.

 

Si este es tu caso, déjame decirte que creo que en algún momento de tu vida tomaste una decisión equivocada.

 

Si sólo disfrutas de viernes, sábado y domingo, estás disfrutando menos de la mitad de tu vida. Si odias con odio jarocho los lunes, estás odiando la séptima parte de tu vida. Si piensas vivir, digamos, 70 años, estás tirando DIEZ AÑOS a la basura. Sabes lo que se puede hacer en diez años? Y sólo eres feliz durante 30 años. Y los otros 30 ahi vas, sobreviviendo como árbol, donde le tocó vivir.

Entonces, señores, no odien los lunes. No se pasen toda la semana esperando a que llegue el viernes. Hay que disfrutar todos los días. Sí, a veces da hueva regresar a trabajar (y entonces me remito a lo que alguna vez les pregunté a varios en GNP: si pudieras hacer cualquier trabajo en el mundo, ¿qué harías?), pero hay que buscarle lo disfrutable. O al menos generar que el lunes de la semana próxima sea disfrutable. Yo estoy tratando de diseñarme una vida en la que los lunes sean tan disfrutables como cualquier día.

De que se puede, se puede. Sólo es cuestión de actitud.

Ley de la atracción

Aunque de las 10 personas que leen este espacio sólo conozco personalmente a 5, de alguna manera ya les he tomado confianza, así que les contaré algo.

Hace prácticamente un año, por recomendación de varias fuentes, hice un collage con fotos. Fotos de cosas que me hicieron feliz en el pasado, cosas que disfruto en el presente, y cosas que quiero obtener en el futuro. Lo hice en un corcho para poder estarlo cambiando.

Hace un año, todavía no metía papeles para la beca, ni siquiera sabía bien cómo iba a estar el asunto. Pero yo sabía que quería venir a Japón, así que busqué un par de fotos que estuvieran padres. Encontré una de la ciudad, con muchas luces y todo, y una de la entrada de un templo. Nunca me fijé dónde estaba ni cómo se llamaba ni nada, sólo que se veía bonito.

Lo puse en un lugar donde pudiera verlo todos los días, y de hecho me lo traje a Japón. Tiene ya muchos huecos, entre cosas que ya tengo y quité la foto, y otras fotos que me falta ponerle.

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El domingo pasado yo quería ir a Nara. Ya estaba todo planeado, pero de último momento se cambiaron los planes y fuimos a Kyoto.

Llegando, todos fueron a un kiosko de turismo a agarrar mapas. Yo primero no pensé en agarrar uno, pero Bio insistió en que agarrara uno. Veníamos como 10 personas, y varios ya sabían exactamente qué lugares querían visitar, así que yo prefería esta vez evitarme la molestia de pensar y limitarme a seguirlos y disfrutar de todo lo que viera.

Yo estaba feliz, porque visitamos varios templos muy parecidos a los de la foto que yo tenía en el corcho, aunque no estaba seguro si eran los mismos. "No, éste está muy chiquito, creo... " "Mmm a éste le faltan escalones..."

No contaba con que los que iban "lidereando" caminan demasiado rápido y no esperaban a nadie. Cada vez que nos deteníamos a ver algo en especial, arrancaban de repente sin avisar.

En una de esas, se desaparecieron y me quedé solo con Bio. Solos, desamparados, en una ciudad desconocida, armados con el suficiente japonés para poder preguntar "dónde estación tren?" (pero insuficiente para entender la respuesta)... y con un mapa. Un mapa que no iba a a agarrar, pero el Ente Supremo Bloggístico decidió que sí debía agarrarlo. Un poderoso mapa que, si bien le faltaba el importante "Usted está aquí", tenía dibujitos de las cosas más importantes que debíamos visitar. Los dibujitos siempre son buenos, hay que pensar menos.

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Bio vió en el mapa un templo que decía "Kiyomizu", y el nombre le sonaba a algo que una maestra le había recomendado ir. A mí ahorita me suena a tiramisú, mmm, cómo se me antoja. La verdad ya estábamos muy cansados y pensamos que lo mejor era ya regresar a la estación de tren. Sin embargo, desde donde estábamos nos quedaba medio de camino, así que decidimos desviarnos un poco e irlo a visitar.

Cuando llegamos, le dije "¿Te acuerdas que te dije que al otro le faltaban escalones?", aunque la verdad no estaba seguro de que fuera el de la foto, porque todos son muy parecidos, mi templo de la foto del corcho podría ser cualquiera de cualquier ciudad de Japón. De todas maneras decidimos visitarlo y tomarnos fotos. Estaba muy padre.

Les dejo las fotos para que ustedes comparen.

Kiyomizuentrance Osaka 357

Bueno, les voy a ayudar en la comparación.

image image

 

 

Jvr estuvo aquí.

Lean también Suerte.

Montaña rusa

Decides subirte.

Baja la barra de seguridad, la conversación empieza.

El carrito empieza a subir. Traca, traca, traca, traca... te empieza a contar que está triste. Te platica todo lo que le pasa. Unos minutos más tarde, por fin llegas hasta la parte de arriba. Desde ahí ves todo. Y ya no hay marcha atrás. Empiezas a hablar.

Tomas velocidad. Expones todos tus argumentos. El carrito fluye sin problemas. Bajadas, subidas, todo parece dominado.

En cierto momento, decides arriesgarte. Soltar la barra. Levantar las manos. Contar un secreto.

No fue tan mal.

Pero entonces, llega una vuelta que no esperabas. Un secreto que encaja con el tuyo. Sube la velocidad, sientes pasar el piso muy cerca, y luego te levanta otra vez. Y se siente bien. Muy bien. El carrito parece detenerse por un momento, pero es sólo para volver a tomar velocidad.

Empezabas a soltar las manos con más confianza, pero las vueltas se vuelven más bruscas y decides agarrarte otra vez. Un rizo. Un tornillo. Una afirmación que no sabes cómo contestar. Una frase que te hace recordar que tú también tienes miedo.

Empiezas a agarrarle el ritmo al paseo. Descubres que soltarse se siente bien. La velocidad te gusta. Se vuelve muy disfrutable.

De repente, sin fijarse, alguien dice una palabra inocente pero precisa que activa una carga de tristeza en la otra persona. Y la montaña hace un giro brusco con una bajada, y tú no estás bien agarrado, y te toma por sorpresa, y sientes miedo, mucho miedo. Sientes que la adrenalina podría salirse por tus oídos y mejor te vuelves a agarrar fuerte, muy fuerte. Cierras los ojos y esperas que esto pronto termine. Y por un momento, desearías no haberte subido.

Luego te das cuenta que sólo fue eso. Un giro brusco. Nada grave. La montaña aún sigue siendo disfrutable. Abres los ojos. Gritas de emoción en las últimas subidas y bajadas. Descubres que abrir tus sentimientos no es tan malo como parecía.

Sonríes. Disfrutas. Y empiezas a pensar en los otros juegos a los que te quieres subir.

Cuando más lo estás disfrutando, llegan las últimas vueltas. La velocidad empieza a bajar. Empiezas a respirar más tranquilamente. La conversación ha terminado bien. Empiezas a despedirte.

El carrito se detiene. Sonriendo, tranquilo, feliz, sólo esperas a que se abra la barra de seguridad.

Te bajas y corres de nuevo a formarte, para subirte otra vez.

=)

Post aburrido y mal hecho sobre un día aburrido

Despertar. 9:38. Ver que ya es demasiado tarde para ir con Carrillo. Al fin que ni quería ir. No creo que Luis haya ido. Por lo pronto es más importante encontrar a la gente adecuada. Sí, eso haré hoy. Porque hoy se acaba noviembre... Dormir.

Toc toc, "ya está el desayuno..." Despertar. Sigue siendo demasiado tarde para ir con Carrillo. ¿Qué hay que hacer hoy? Ah, sí, a ver si en la tarde hablo con mis tías. Seguro ellas estarán interesadas. Qué divertido estuvo el karaoke ayer. 10:40. Dormir.

Despertar. Espabilo. 11:43. Me levanto. Apago el calentador de aceite. Seguro afuera hace frío. Salgo. Buenos días. Baño. Alguien dijo algo de desayuno. "Está en el horno". Huevo revuelto con chorizo. Mi papá ve la repetición de las Catafixias. Yo veo The Amazing Race.

Regreso a mi cuarto. Desde hace mucho tengo ganas de jugar Guitar Hero. El viernes llegó mi Xbox reparado. Juego unas cuantas canciones. No, Psychobilly Freakout en Expert aún es demasiado para mí. Pero Sweet Child O' Mine, Jessica, Sin Documentos, State of Massachusetts son divertidas. Hasta con Thunderhorse medio puedo. Intento un par de veces Less Talk More Rokk. No puedo. Ya, ya es tarde. 12:50.

Me meto a bañar.

Ayer fui al karaoke con mis amigos del japonés. Fue muy divertido. Definitivamente cantar me hace feliz. Aunque algo faltó. Alguien faltó. Alguien estuvo ahí, pero... ya no. Allá. Aquí, nadie. Si bien hace una semana me convencí de que no me perdí de gran cosa, ayer... debo aceptar que se veía muy bien.

Pero ya no.

No. Qué flojera. Y hoy de nuevo creo que no me pierdo de gran cosa.

Pero sí, algo faltó. Hubo momentos en que ciertas --otras-- personas me subieron el ego, y eso es bueno, pero... I'm not interested.

Aunque sí, algo faltó ayer.

Salgo de bañarme. ¿Checar correos? Nadie. ¿Qué hago? Otro rato de Xbox. Mmm ayer se quedó el Xbox bajando demos. Veamos. Mirror's Edge. Juego un rato. Interesante. Tomb Raider. Maldito aparato del demonio. Apenas me lo regresan de la reparación, y ya me envició otra vez.
Al rato le enseñaré el Mirror's Edge a mi papá.

Hora de la comida. "¿Puedes ir a comprar unos panes y un paquete de salchichas al Oxxo? Y si quieres tráete dos paquetes de papas, chiquitos..."

"$44.50. ¿Quieres redondear los 50 centavos?" Sí, los redondeamos.

Hot dogs. "Si quieres, quedaron dos pambacitos del otro día..."

Termino de comer. No hay nada que hacer. Me acuesto a ver la tele. No hay nada. Qué aburrido. Duermo.

Despertar. 7:50. Salgo. "Buenos días..."

Chale, ya no hice nada en todo el día. Y hoy se cumple el plazo que me había puesto para cumplir unas metas... que no cumplí. Ni modo. A seguirle a ver cuándo se pueden. Voy al Skydrive con material para el negocio, bajo el libro de Robert Kiyosaki. Empiezo a leer. Me da flojera. Al rato sigo.

"Ya nada más termino esto y merendamos"

Encuentro un correo de una amiga de quien hace mucho no sabía nada. Nada importante. Qué gusto. Pero también es raro cómo han cambiado las circunstancias en el tiempo. Luego le contesto. Me "asomo" al MSN, ahí está. Por su frase, intuyo que está feliz con su novio. Sin comentarios. Mi cabeza empieza a darle vueltas al asunto... y pronto veo que no tiene ningún sentido hacerlo. A fin de cuentas, ya ni la conozco.

El karaoke ayer estuvo divertido. Podría haber estado mejor.

La tarde de hoy podría haber estado mejor también.

Le enseño el demo de Mirror's Edge a mi papá.

Quesadillas. Termina Madagascar. Empieza Willy Wonka y la fábrica de chocolates. "Esta no la he visto.." --"A mí me gustó más la versión anterior..." Comerciales. Naa, así se van a tardar 5 horas en la película. Qué flojera verla.

Regreso a mi cuarto.

Ya se va a acabar el día. ¿Qué hago? ¿Duermo? No estaría mal platicar con alguien en el MSN. No estaría mal jugar Mario Kart o Smash Bros con Andy. Checo mis comentarios del blog. Mi primo me admira. Gracias. Pero no, no siempre consigo todo lo que me propongo. Algunas cosas aún no he podido lograr. La maestría? No es para tanto. En verdad, estuvo un tanto chafa, y mi tesis no quedó tan bien como yo hubiera querido. No es para tanto, por eso ni la presumo mucho.

Ah sí, querían que escribiera un post sobre mi maestría. Sí, serán frases aisladas desde que empecé... pasando por toda la hueva que tenía de seguir la tesis y cuando ya pensaba no acabarla... y terminando con mi sinodal escogiendo al azar un renglón para preguntar sobre él.

Empiezo a escribir...

se me acaban las ideas.

Será más fácil escribir lo aburrido que fue hoy.


...


Listo. ¿Ahora qué?

Y tú, ¿qué quieres ser cuando seas grande?

Hoy mientras me bañaba, decidía cuál sería el siguiente tema a tratar en este espacio. Todo mundo habla de la crisis mundial (siendo subjetivamente fan de Japón, me gustó este punto de vista), pero creo que a veces hay cosas más importantes que resolver cada quien en su interior.

Y tú, ¿qué quieres ser cuando seas grande?

Curiosamente, en la junta de hoy, Israel nos presentó este documento.

Los invito a leerlo pero no es indispensable para discutir el tema de hoy... sólo me llamó la atención cómo 'coincidió' el tema de la junta con el tema de la regadera.


Cuando yo era niño, tengo recuerdos de que la respuesta a esa pregunta era algo como "los lunes, voy a ser bombero; los martes, cartero; los miércoles, inventor. Los jueves, 'hacedor de cintas' (como mi tío), y los viernes policía."

O algo así. El caso es que me llamaban la atención tantas cosas que no podía decidirme por una sola.

El tiempo pasó, la vida avanzó, la escuela llegó... y llegó un momento en el que la respuesta a la pregunta "Qué quieres hacer?" era obvia: terminar la carrera. Durante 5 años no me tuve que poner a pensar en ello.

Hubo un momento a principios de la carrera que sí consideré desviarme y estudiar actuación. Ambas cosas me apasionan mucho, sin embargo me puse a analizar mi futuro y decidí que, no sólo es "menos complicado" conseguir un "buen trabajo" en la ingeniería, sino que mi talento como artista era menor que mi habilidad como ingeniero, así que dejé de preguntarme cuál realmente me gusta más, puesto que ya sabía la respuesta a las preguntas "para qué soy bueno" y "en dónde hay chamba."

Y mucha gente hace eso. Se dedica a aquello que le lleva el pan a la mesa. En mi caso, afortunadamente, me gusta, pero hay mucha gente que ni eso.

Eliges una carrera según donde haya más chamba. (Esther, la señora que hacía la limpieza en mi casa, decía "¿Y por qué no estudia para doctor? ¿O para abogado? Ellos hacen mucho dinero, ¿no?") Durante 4 años tu objetivo en la vida es ir pasando las materias y terminar tu carrera, para poder presumir tu bonito título universitario. Y con él conseguir un "buen trabajo". Que, muchas veces, tampoco lo escoges tú; ellos te escogen a tí.

De los millones de posibilidades de cosas que hacer en el mundo, decides enfocarte a ser empleado de una de las miles de empresas que hay. De ahí, mandas curriculum a unas cuantas decenas, según las que te enteraste en el periódico o en internet o recomendadas. De esas decenas, a lo mejor unas 20 ven realmente tu curriculum. Unas 15 deciden hablarte, sólo 10 logran contactarte, sólo 7 te interesan, sólo a 5 vas a la entrevista, quizás unas 3 te vuelven a llamar, y te das el lujo de decir que "tú escogiste" una.

Una vez contratado, tu meta en la vida durante esta semana es cumplir con las tareas que te asignen en el trabajo, para que al final de la quincena te den tu cheque.

Luego, si funcionas, tus jefes se encargan de lavarte el coco y convencerte de que tu meta en la vida es hacer carrera ahí. (De nuevo, tampoco lo elegiste tú; y resulta muy cómodo que "ya tienes una meta" por los siguientes años, como cuando estabas en la carrera.) Te enfocas años a trabajar para el jefe. El dueño se vuelve más millonario, y tú quizá subes de puesto y recibes un aumento de, si bien te va, un 20%. Y eso te emociona.


Me asusta escuchar a gente aquí en la oficina que está muy feliz porque este año ya tiene VEINTE días de vacaciones, y eso porque ya lleva veinte años trabajando aquí.

Veinte años cumpliéndole los sueños al dueño. Y quién sabe desde hace cuántos se dejó de preguntar cuáles eran los suyos, porque ya se convenció de que su sueño es "hacer carrera" ahí, como le dicen sus superiores.

Toda una vida decidida por el azar de cuál currículum mandaste antes y cuál empresa te escogió.

Robert Kiyozaki le llama "la carrera de la rata".




Hace unos meses aprendí que no siempre "lo que haces" (a lo que le dedicas el 80% de tu tiempo de vida) tiene que estar definido por "lo que te paga." Y entonces regresa la pregunta.

¿Qué quieres ser de grande?
¿Qué quieres hacer?


Todavía tengo algunas "metas obvias" a corto plazo, como irme a la especialidad en Japón. Pero, ¿y al regresar?

  • A veces me veo muy feliz con mi taller de CNC.
  • A veces me veo muy feliz dirigiendo una orquesta.
  • A veces me veo muy feliz como empleado en una consultoría de CAD-CAE-CAM.
  • A veces me veo muy feliz estudiando teatro.
  • A veces me veo muy feliz yendo los lunes a un taller de comedia musical, los martes haciendo robotitos, los miércoles tocando música y cantando con mis amigos,... los jueves hacedor de cintas y los viernes policía.


Ahora me doy cuenta que desde pequeño tenía ese problema. Me apasionan varias cosas distintas. Y lo peor de todo es que, de esas 5 ó 6 cosas que me apasionan, no soy tan malo en 3. Y cada vez que me dedico a alguna, la gente que me rodea me trata de convencer de que le dedique el 100% de mi tiempo a esa.

Como cuando en la carrera quería participar en todos los talleres de teatro y música y Benjamín me decía que entrara con él al concurso de robótica pero yo quería pasarme todo el día en el taller de mecánica pero el sábado en la noche en casa de Diego quería pasarme todo el fin de semana de fiesta y luego participar con ellos en su teatro experimental. Y luego me pasaba la tarde haciendo la tarea de Control de Calidad y luego jugando Nintendo.

Así que la pregunta para mí sigue abierta. Tengo fé en que encontraré la forma de diseñarme una vida que involucre todo lo que me gusta. O al menos, como dice el documento de Isra, dedicarme un rato a algo sabiendo que no será a lo que le dedique mi tiempo toda mi vida.


Y tú, ¿qué quieres ser de grande?

Madrugada en Montreal

Dieron las 4 de la mañana. Todos en la casa se empezaron a mover. Métete a bañar. Ya sube las maletas que están listas. ¿De quién es esa chamarra? Vamos a buen tiempo. Su vuelo sale a las 7. El mío, a la 1. Yo sigo dormido. Adiós Javier, nos vemos allá. ¿No te quieres subir al sillón?

Apagan la luz. Se oye el ruido del garage cerrando. Me quedo solo.

Por alguna razón, del silencio en mi cabeza empieza a hacer eco muy fuerte una de las canciones que cantamos cuando en primaria me fui de intercambio a Cincinnati. Una, para cantar un canto que nos una... Se acerca la hora de partir y me empieza a caer el veinte de muchas cosas.

Aprendí que a veces puede ser divertido coquetear sin importar con quién.

Que hay personas con quienes me puedo encariñar muy fácilmente, pero luego olvidarlas con la misma facilidad.

Que estar a solas al lado de una chava guapa viendo las estrellas en la noche oscura y despejada en el jardín de una tranquila cabaña junto al lago podría ser la situación más romántica del mundo, pero también puede no serlo.

Que 3 años se pasan muy rápido.

Que las personas vienen y van, cambian de lugar, pero los corazones se quedan.

Que los amigos de mis amigos son mis amigos, y no quiero dejar de verlos.

Que no importa cuántos souvenirs compres, al momento de partir no son nada comparado con las ganas de quedarte.

Que lo que me duele del "regreso a la realidad" no es regresar a trabajar, sino dejarte aquí.

Que, habiendo tantas personas a quienes quiero dedicarles tiempo en mi vida, más vale encontrar una forma de ganarse la vida que no requiera de mucho tiempo.

Que el sentirse solo o acompañado no tiene que ver con quién esté a tu alrededor, sino quién está en tu interior.

Que no importa si tengo 26 años o 12, no importa si es Montreal o Cincinnati, en muchos sentidos sigo siendo el mismo.

Empieza a salir el sol. Es buen momento para verificar las maletas.

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Otros gritos

En el departamento que está dos pisos arriba del mío, vive una pareja de brasileños que se la pasan toodo el tiempo peleándose. De hecho, el miércoles de la semana pasada no me dejaban dormir porque se estuvieron gritoneando mentadas de madre en portugués de 2 a 3 de la mañana. Y dos pisos más abajo se oían sus gritos. Dos pisos más abajo me despertaron sus gritos.

Ayer otra vez me mantuvieron despierto con sus gritos, pero ahora no se estaban peleando; se estaban, digamos... reconciliando. Sólo para que no diga que siempre se pelean. Y lo malo es que hace unos meses me acostumbré a que cuando oigo gritos en la noche, luego luego me paro y voy por las medicinas de mi mamá. Ya que veo todo tranquilo e identifico que los gritos son de otra naturaleza, ya es muy tarde. Estoy fuera de la cama y con el sueño espantado.

Pero algún día cobraré venganza...



Ya estoy empezando a construir mi panel elíptico; interesadas favor de comunicarse por este medio.

Sueño extraño

La semana pasada Carrillo me invitó a una plática hoy, sobre algo interesante. No me quiso decir sobre qué es, sólo que es muy bueno. "Sí es serio... pero no es para todos."

Por más que indagué, se negó a revelarme detalles.

Así que hoy, mientras dormía, mi mente se puso a construir sobre el asunto.


Llegué al lugar. Era un edificio muy amplio, de oficinas. Teníamos que ir al tercer piso, así que usamos las escaleras. Cuando llegamos y la puerta se abrió, me sentí muy agusto. Demasiado agusto. No como cuando llegas a un lugar que no conoces y no sabes en qué sillón sentarte, no. Justo cuando di el paso hacia adentro e incluso desde antes cuando se empezó a abrir la puerta, me sentí totalmente como en casa.

Demasiado como en casa.

Pronto me di cuenta de lo que pasaba. Se trataba de una sala, no igual en disposición, pero sí con los mismos muebles que la mía. Quienes hayan venido a mi casa (o a las anteriores) sabrán que en mi sala tengo unos muebles negros muy grandes que están prácticamente empotrados a la pared. De hecho se contruyeron para el departamento aquél de la Colonia del Valle antes de que nosotros llegáramos, y los hemos venido trayendo cada vez que nos mudamos.
No son muebles que puedas comprar en Rosend, y que por coincidencia haya unos iguales ahí.

Más aún, en la sala que describo había todavía algunos adornos de navidad (en marzo). Igual que en mi casa, que aún no los hemos terminado de quitar.

Sólo había una explicación. Alguien había ido a ver cómo era mi sala y había construido una igual aquí para que yo me sintiera cómodo. Pero, ¿por qué yo? Yo no era el único "nuevo" que llegaba a la sesión. Ni siquiera podrían haber sabido que iba a ir ese día. O al menos Arturo, Nestor, Ontiveros y Luis también eran nuevos ahí. ¿Por qué MI sala?

Curiosamente no oí que nadie comentara "Mira, tu sala!". Todos parecían estar muy agusto.

Entonces entendí lo que podría estar pasando. Me acerqué a uno de mis amigos, y mientras caminábamos por enmedio de la sala, le pregunté:

--Néstor, ¿qué ves aquí?
--¿Cómo que 'qué veo'?
--Sí, descríbeme esta sala.

Se detuvo a la mitad de la estancia, como si hubiera algo enfrente de él. Pero yo no veía nada. Haciendo señas hacia el frente, dijo:
--Pues aquí hay unas repisas como las de mi casa... allá, una sala parecida a la mía... de este lado,...

No era que alguien hubiera puesto mis muebles ahí. Era que cada quien traía los suyos consigo. Cada quien estaba viendo su propia sala.

--... y allá al fondo unos taxis.

"Unos taxis"? No lo dijo en el mismo tono que lo demás. Como si los taxis le incomodaran, como si no fueran parte de su sala. Tampoco eran parte de la mía, pero ahí estaban. ¿Eh? ¡Yo los veía también! ¿Por qué? Mi mente empezó a procesar rápidamente. Cada quien veía sólo lo que quería ver. Más los taxis. Por la misma razón que nos veíamos entre nosotros; por la misma razón que todos podíamos ver al orador que ya estaba empezando a pedir que nos acercáramos. Porque eso sí era real, y no podíamos evitar verlo.

¿Alguna vez les ha pasado que están quedándose dormidos, y de repente sienten como si la cama se desapareciera por un instante, y sienten cómo caen un centímetro, de nuevo sobre su cama, y despiertan asustados? Pues en ese momento, dentro del sueño, yo sentí eso. Y de repente me encontré parado dentro de un salón totalmente vacío, junto a Nestor y otras personas que empezaban a acercarse al orador, y unos taxis al fondo. Los mismos taxis que veíamos Nestor y yo en nuestras respectivas salas. Mi mente se había desconectado de la ilusión y todo estaba vacío.

Ese salón vacío se sentía un tanto frío e inhóspito, así que hice un intento por tratar de subirme de nuevo a la ilusión, de traer de vuelta mi sala. Pero era tan inútil como tratar de levitar.

El orador puso una caja en el suelo, y la abrió. Apartó unas hojas de instrucciones, en las que alcancé a ver un diagrama de una mano tomando una pieza de madera en forma de L y unas flechas de cómo debía moverse en el aire. Sacó una especie de móvil de madera. Un aro de unos 15 cm al cual estaba pegado una pieza larga horizontal, de la cual colgaban con estambres unos cubitos, esferas y un prisma. Se puso el aro alrededor del cuello.

Los demás hicieron la pantomima de hacer lo mismo, sacar el aparato de la caja frente a sus pies. Pero no tenían nada. Bueno, yo ya no tenía nada en mi sala, pero ellos probablemente sí, así que ellos sí creían tener cada quien su aparato.

Seguramente era ese aparato el que usaban para controlar nuestras mentes, para hacernos ver cosas. En ese momento, el único real era el del orador, y nos estaba enseñando a usarlo aunque los nuestros fueran imaginarios.

Así que esto es con lo que Carrillo está haciendo dinero. Hipnosis. Aunque no me interesara usarlo como negocio, empecé a pensar en todas las posibilidades que esto tenía. Y todas las implicaciones de la ilusión que acababa de vivir. Parecía tan real... Los que conozcan a un servidor, sabrán que me gusta tener todo bajo control. O al menos entender todo lo que pasa en mi cercanía. Y el hecho de haber estado unos minutos en una sala que nadie más veía, me daba un poco de miedo.

Esperen, ya me perdí parte de la explicación de cómo usarlo. Hice un esfuerzo por imaginarme el mío, para tratar de seguir los movimientos del instructor, pero no pude. Era demasiado complejo como para imaginármelo todo a la vez conscientemente. Me acerqué a ver el suyo, para estudiar su geometría con detenimiento. Los demás no parecían tener ningún problema. Lo veían sin hacer ningún esfuerzo. En la desesperación de estarme perdiendo la explicación, tomé dos de los colguijos de su aparato --la esfera y el prisma-- y los arranqué con sus estambres, poniéndolos cerca de mi cuello en un esfuerzo por que la cantidad de imaginación necesaria fuera menor.


Una música empezó a oirse a lo lejos, y gradual pero rápidamente me transportó hasta acá. El despertador estaba sonando, ya son las 7 de la mañana. Se me hace tarde.



Algo es seguro. Había algo de emocionante en eso de estar descubriendo que aún quedan cosas por entender.

Hoy me quedé a ensayo de coro

Hoy por fin, después de no sé cuántas veces que lo sugirió Angel, me animé a ir a un ensayo del coro de la ULSA.

Bueno, no sé si pueda decir realmente que me animé; sino que en algún punto de la semana decidí que tal vez sería bueno para quitarme esa aura de emo que se me ha estado pegando (¿Me estoy volviendo emo? Eso sí es como para deprimirse... como emo.)

Así que un día lo decidí en un segundo y hoy simplemente me dejé llevar.

Bueno, hay que aclarar que no es exactamente "el coro de la ULSA", sino "el coro de padres de familia de la ULSA". Un montón de señores y señoras, no todos muy afinados, y uno que otro chavo con muchas ganas.

Definitivamente no fue mi sueño hecho realidad, como quizás alguna vez lo fue el primer ensayo de teatro, de coro o de algún ensamble en el tec. Pero también esas eran épocas diferentes. Sin embargo, en general me sentí bastante agusto. Bueno para empezar porque soy adicto a cantar. Y durante un par de horas me hizo olvidar los dolores de mi mamá, el vecino asesinado o mi tesis atrasada.

Definitivamente no es el coro que México esperaba; he estado en grupos con mucho más talento, pero creo que no se trata de eso. Me la pasé bien. Fue algo diferente, de lo que no sabía qué esperar.

No sé si realmente quiera cantar en alguna misa con ellos; incluso no sé si regresaré el jueves próximo. Pero al menos por hoy, estuvo bien.

Supongo que eso es bueno.

"Hoy me quedo a ensayo de teatro."

¿Cómo fue la primera vez que decidí eso?

Un día agarré y dije "Hoy no me interesa irme a mi casa temprano. Hoy quiero salir de la rutina y hacer algo diferente"

¿Cuándo fue la última vez que tomé una decisión así?

Creo que desde hace como 3 ó 4 años que no lo hago.

Porque, sí, hace dos años todavía estaba quedándome a ensayos de teatro, pero ya no era algo nuevo. No puedo decir que era parte de la rutina, porque los ensayos en sí (al menos los de Julio) eran totalmente arrutineables; siempre había algo diferente.

Pero desde entonces, siempre me he mantenido dentro de mi zona de confort.

De mi casa a la escuela todo el día, de la escuela a mi casa. Los sábados a ensayo de teatro/ensamble. Los domingos hacer tarea.

De mi casa al trabajo. No puedo hacer nada más porque estoy muy ocupado con el trabajo, suficientes sorpresas tengo ya con los viajes, no puedo meterme a nada extra.

De mi casa al trabajo. No puedo hacer nada más porque el tiempo que me queda tengo que dedicárselo a la tesis, tengo que terminar en noviembre/diciembre/enero/"ya". Los sábados al japonés.

Creo que la última vez que me aventé a entrar a algo nuevo fue hace un año al japonés.

Porque no se trata de irse de viaje el puente, irse a un antro el fin de semana o un día de repente decidir ir a pericoapa saliendo del trabajo. Eso no me cuesta tanto trabajo. Se trata de dedicarse a algo nuevo.

En verdad tengo que terminar la tesis, pero hay algo que me falta... no sé bien si es cantar, actuar, o simplemente abrir puertas que no estén marcadas.


Angel no se cansa de invitarme al coro de ULSA.

Pero no puedo.

Estoy "ocupado".