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murasaki no seetaa no onna (紫のセーターの女)

Hoy, después de más de un mes de vacaciones, llegarás tarde a la primera clase del nuevo curso. Esta vez, no esperas verla ahí. Sabes que el horario diferente le impedirá participar en el curso, así que estarás tranquilo. Al entrar al salón, de manera apenada te disculparás con la nueva maestra, y mirarás al salón en busca de un lugar vacío.

Y entonces la verás.

Estará sentada al fondo del salón. Con su suéter morado que tanto te gustaba, sus pantalones de mezclilla ajustados que tan bien le quedaban, según tú, y sus botas de terciopelo negro que en ese entonces te daban una impresión mezclada entre sensualidad y ternura. Su cabello negro lacio suelto que sin saberlo te sedujo hace unos meses, y la sonrisa que siempre le acompaña a donde va, y que por muchos meses acompañó a todos tus pensamientos.

A diferencia del salón de hace un par de cursos, ahora las sillas no estarán frente a frente rodeando una mesa larga, sino que mirarán todas hacia el frente. Y el único lugar vacío será justo frente a ella.

Por un instante pasará por tu cabeza la imagen del momento cuando la conociste, hace casi 7 meses.

Enviarás un saludo discreto a todos en general, y te sentarás en ese lugar vacío, dándole la espalda, para dejar atrás todo lo que sucedió, y todo lo que no sucedió.

No te enamores de mí

Letra y Música: Javier Ruiz García
octubre - noviembre 2008



¿No jala el Play? Baja el mp3 de aquí.



Si te gusta más un 'nunca' que un 'adiós',
entonces no te enamores de mí.
Si crees que nuestros caminos deben ser dos,
entonces no te enamores de mí.
Si no quieres arriesgarte a intentarlo,
y prefieres dejarlo como está,
si no te he logrado yo conquistar
no te enamores de mí.

Si prefieres no saber cómo pudo ser
entonces no te enamores de mí.
Si tú quieres sólo un amigo tener
entonces no te enamores de mí.
Aunque sientas que en otro momento
tal vez lo nuestro pudiera funcionar,
la verdad yo no lo puedo jurar,
no te enamores de mí.


No, por favor no te enamores de mí.
No, no, mi amor, no te enamores de mí.
Porque sé que esto no duraría para siempre,
porque sé que pronto va a terminar.
¿Para qué perder el tiempo, mi amor?
No te enamores de mí.


Si es que él se ha llevado tu corazón
entonces no te enamores de mí.
Si su viaje parecía no tener razón
entonces no te enamores de mí.
Aunque yo te prometiera contigo estar
y que nada nos podría separar,
si tú tienes miedo de comenzar
no te enamores de mí.


No, por favor no te enamores de mí.
No, no, mi amor, no te enamores de mí.
Porque sé que esto no duraría para siempre,
porque sé que pronto va a terminar.
¿Para qué perder el tiempo, mi amor?
No te enamores de mí.



Si la vida te ha enseñado que no hay que amar
entonces no te enamores de mí.
¿Una despedida no podrías soportar?
Entonces no te enamores de mí.
Aunque todavía nos queda algún tiempo
y completo yo te lo pueda dar,
si tú no te atreves a aprovechar
no te enamores de mí.


No, por favor no te enamores de mí.
No, no, mi amor, no te enamores de mí.
Porque sé que esto no duraría para siempre,
porque sé que pronto va a terminar.
¿Para qué perder el tiempo, mi amor?
No te enamores de mí.


No, por favor no te enamores de mí.
No, no, mi amor, no te enamores de mí.
Porque sé que esto no duraría para siempre,
porque sé que pronto va a terminar.
¿Para qué perder el tiempo, mi amor?
No te enamores de mí.

Yo prefiero estar contigo un momento,
aunque nunca más te vuelva a ver;
mas si tú no tienes nada que dar
no te enamores de mí.

kirei na onna (きれいな女)

Hoy habrás cancelado tus planes de viajar y finalmente sí irás a la clase. Estarás emocionado por verla de nuevo. Llegarás un poco tarde, un tanto con la esperanza de que tu lugar habitual --de cara frente a ella-- ya esté ocupado y tengas que ocupar otro, quizá junto a ella.

Pero al entrar al salón, ella no estará allí. En lugar de ella, habrá una silla vacía. Enfrente, tu lugar vacío esperándote, y otro más hacia la derecha, junto a tu amiga y frente al amigo de ella. Ese amigo que probablemente tiene sentimientos similares a los tuyos, pero que seguramente ella ve como su amigo, y nunca tendrá oportunidad de ser otra cosa. Y probablemente él siempre la esperará. Tú ya has estado antes en esa situación, y sabrás que esta vez no caerás.

Por alguna razón, te sentarás en el lugar frente a él. Ni siquiera pasará por tu mente la pregunta de cuál lugar escoger. Instintivamente te sentarás junto a tu amiga y no frente al lugar vacío. Seguirás entonces la clase concentrado, sin ella, tratando de reprimir ese sentimiento de que la extrañas para no perderte de ningún concepto.

Ya empezada la clase, ella aparecerá en la puerta y saludará, un poco apenada pero tan alegre como acostumbra. Y se sentará en su lugar habitual.

Ella siempre es muy alegre, pero hoy aparentemente estará un poco más alegre que de costumbre. O tal vez sólo será tu imaginación. Tal vez sólo será que ya tienes muchas ganas de verla.

Durante la clase, buscarás sus ojos constantemente, aunque nunca los encontrarás de frente. En un momento que hayas dejado de prestarle toda tu atención, el turno de leer tocará a ella, y su voz dulce y suave te recordará que estás contento de verla de nuevo. Como hace 8 días, cuando de manera amistosa conseguiste su número de teléfono. Y no te atreviste a hablarle en la semana.

En un momento notarás que ya perdiste el hilo de la clase y que habrás estado discretamente perdido en su rostro por unos minutos. Imaginarás lo bien que se sentiría que ella buscara el tuyo y sonriera. Pero eso no pasará. Al menos no hoy.

Y entonces por tu espalda correrá un sentimiento que ya conoces bien. Ese sentimiento inexplicable que trae cosquillas cargadas de emoción, y sube por toda la espalda haciéndote sonrojar. Pero por alguna razón, hoy vendrá acompañado de otro sentimiento. Y ese otro es el miedo.

"¿Y si ya hay alguien en su vida?" "¿Y si hoy viene tan alegre porque en la semana --que pude haberle marcado y no lo hice-- encontró a alguien con quien compartir?" Todas esas preguntas empezarán a hacer eco en tu cabeza, dirigidas por ese ente tan malévolo que es el Miedo.

Y un par de segundos después, recapacitarás. El Miedo es el peor enemigo y decidirás rechazarlo, botarlo, desaparecerlo mágicamente. No deberás tener miedo por lo que ha pasado antes. Lo que ha pasado antes ocurrió porque tenías miedo.

Y seguirás disfrutando perdido en sus ojos dulces, en su sonrisa, y en su voz.

De camino a casa seguirás pensando en ella. Reconocerás que aún tienes algo que te estorba, aunque afortunadamente esta vez no tendrá que ver con otras personas, sino sólo contigo mismo. El Miedo. Y te darás cuenta de que, aunque estás lejos de estar enamorado --quizá no tanto--, ciertamente es ella quien ocupa todos los ratos ociosos de tu cabeza últimamente. Y decidirás combatir el miedo. Y lamentarás un poco esta vez no haber salido durante el descanso con ella y con sus amigos. Y pensarás que probablemente la extrañarás la próxima semana, porque saldrás de la ciudad y no la verás.

Llegarás a casa y le confesarás a todos, por primera vez, que llevas un par de semanas pensando en ella.

Y al terminar de escribirlo, suspirarás discretamente, tratando de evitar la cursilería, y pensarás qué día será bueno para marcarle por teléfono.